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“Mentir para decir la Verdad” Liliana Bodoc

<<Creo que empecé a mentir cuando me arrebataron la selva, la vida salvaje, y empezaron a decirme que fuera una niña buena y me sentara adecuadamente y usara vestidos y no trepara los árboles del jardín. Empecé a mentir descaradamente para obtener pequeños triunfos y venganzas sobre los adultos que egoístamente me habían arrebatado la posibilidad de caminar por el barro húmedo y bajo las oscuras sombras de los bosques con tan solo luz de las luciérnagas y la luna llena a punto de sentarse sobre la punta de las montañas. Claro que empecé a mentir cuando ya no pude cabalgar ni pescar cangrejos y pececitos en los arroyos. Y mi manía se fue haciendo más cínica incluso más neurótica, cuando mi madre murió y yo que apenas estaba dejando mi mundo de fantasía solo quise adentrarme más y crear allí un personaje infinito. Pero, sobre todo, empecé a mentir para comprender  el dolor de la ausencia, la impotencia ante lo irremediable y la vida misma con todos sus altibajos. Creo que empecé a mentir porque era de la única manera que podía hacer que los recuerdos más hermosos perduran en el tiempo y las experiencias más tristes se quedaran en palabras y en mensajes de esperanza. Creo que inventé mucho más de lo que mentí, pues me enamoré de las palabras, los sonidos, los lenguajes, la naturaleza y la magia de la existencia y de lo impronunciable>>. O.

Comparto esta conferencia de Mentir para decir la verdad, en verdad que me he sentido muy inspirada.

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Paradoja Metafísica

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Egon Schiele

 

 

Es extraño cuando estás frente a una paradoja y aunque sabes cuál es la ruta, prefieres complicarte y suponer que tal vez no sea cierta. Revisas en lo profundo de tu sabia memoria y reconoces que el amor es algo de lo que siempre se huye. Te educan para la soledad, para vivir en constante competencia sin el otro, para no sentir ni siquiera dolor; tanto te proteges que terminas evadiendo cualquier sentimiento. Te exiges el camino de la soledad por que te han dicho que es el más seguro, allí jamás reconocerás la ruta que tu corazón dicta. Pero, ahora, cerca del proximidad de la paradoja de renacer, sabes que la ruta es distinta, que no tiene que ver con las ensoñaciones, con la abismal distancia de la perfección. Tal vez empiezas a entender que el amor, así como la vida, se construye con las torpezas, con las equivocaciones, con la paciencia de aprender. De jugar a los papeles de sabio e ignorante, de ingenuo y perspicaz. El amor a veces tan solo necesita de la fascinación por la existencia del uno en compañía del otro, y esto no quiere decir que el resultado sea dos, esto a veces trae familias enteras, y si tenemos suerte un bello animal para abrazar todos los días y pasear el mundo con su olfato que no falla, que te indicará cuál es el camino que se ha estado buscando. Ahora bien, si te desvías, vuelve siempre del punto del que te has alejado. Hallarás mucho más de lo que pensaste. Tal vez, sin esperarlo la felicidad y la armonía con los seres que te habitan. 

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