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El Día Internacional de la Mujer es el día la mujer trabajadora que somos todas

Nos encanta compartir con ustedes nuestro trabajo a cerca de temas como el feminismo, derechos sexuales, empoderamiento, equidad de genero, en fin, tópicos culturales y político que nos mueven a la reflexión y el conocimiento.

Así que nuestra doctoranda Laura Bonilla nos comparte este texto a manera de datos históricos muy precisos sobre por qué conmemoramos un día al año las victorias de las mujeres en cuanto ala inequidad del mundo y sobre todo  en su deseo de poder ser, vivir y desarrollarse plenamente como seres humanos libres, pensantes, creativos, etc.

 

¿Sabías por qué se celebra el 8 de marzo?

¿Sí? ¿No?Bueno, te contamos que es la fiesta mundial de las mujeres, en la que se recuerda la lucha que por siglos han hecho las mujeres para alcanzar y defender sus derechos en la sociedad. Porque sí, hace un siglo las mujeres no disfrutábamos de los derechos que hoy parecería increíble no tener: derecho a elegir y ser elegidas, a la educación en todos los niveles, a organizarnos, derecho a poseer bienes, a decidir sobre nuestro estado civil, a elegir qué queríamos ser y hacer en la vida.

Todo se remonta a principios del siglo XX, con los antecedentes de la revolución francesa y los movimientos obreros de principios del siglo XIX, las mujeres se empezaron a organizar en torno a la exigencia de sus derechos laborales en las fábricas y sus derechos civiles en la sociedad.

En 1909 se celebra por primera vez el día de la mujer en un marcha por la ciudad de Nueva York alrededor de una huelga de trabajadores de fábricas de textiles en EEUU.

En 1910 en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague se declara este día con unanimidad como una celebración mundial y es a partir de 1911 que se celebra este día con manifestaciones públicas para exigir el derecho al voto y a ocupar cargos públicos, así como derechos al trabajo a formación profesional y a la no discriminación laboral para las mujeres.

 

8 de marzo

 

Así que año tras año las mujeres se tomaron las calles, reclamando sus derechos, nutriéndose del movimiento político y social que es el feminismo, entendiendo que lo personal es político, como Kate Millet lo escribió en Política Sexual en 1970 y poco a poco fueron tomándose todas las latitudes del mundo, los cinco continentes; hasta que en 1975 la ONU celebró este día y en 1977 la Asamblea General de la ONU invitó a todos los estados a que proclamaron de acuerdo a sus tradiciones históricas y costumbre nacionales el “Día de las Naciones Unidas para los derechos de la mujer y la paz internacional”.

Sin embargo, fue hasta el 2010 que esta entidad creó ONU mujeres con el fin de promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en el mundo.

Cada vez se hace más visible esta conmemoración pero al mismo tiempo cada vez sentimos que nos necesitamos más durante todo el año para luchar por nuestros derechos y hoy aún más por nuestra vida, una vida libre de violencias.

Este 2018 la conmemoración mundial estará acompañada del Paro Internacional de Mujeres, al igual que el año anterior que se realizó en más de 50 países para visibilizar la violencia machista en todas sus expresiones: sexual, social, cultural, política y económica.

¿Por qué paran las mujeres?

Porque somos la mitad de mundo y nuestro trabajo lo moviliza. También paramos para llamar la atención sobre la importancia de las mujeres en el trabajo y poner en la palestra pública las desigualdades a las que estamos sometidas: hacemos el mismo trabajo y no recibimos el mismo salario que los hombres[1]; seguimos haciendo el trabajo de cuidado, el trabajo doméstico y no recibimos pago por él[2]. Así que paramos, un día, unas horas, un momento para decir: No más.

Y hay que decirlo, el 8 de marzo más que una fiesta, es una conmemoración para recordar la lucha de las mujeres, hacer un balance del avance de nuestros derechos y sí, celebrar que cada año somos más conscientes del desafío que es la vida.

De manera que, agradecemos las flores y los chocolates, son muestras de cariño que nos gustan pero este día va mucho más allá. En la lucha necesitamos más acciones que regalos, necesitamos compromiso de la sociedad y todos sus miembros, hombres y mujeres que comprendan los problemas de género y actúen en relación a estos.  

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[1] Ver más en https://economixpodcast.wordpress.com/2015/03/16/las-mujeres-ganamos-menos-que-los-hombres-en-todo-el-planeta-y-tu-mama-tambien/

[2] Ver más en http://economiafeminita.com/el-capitalismo-tiene-un-socio-oculto-la-mujer-que-realiza-los-trabajos-domesticos-no-remunerados/

 

 

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¿POR QUÉ LAS CAMPEONAS GANAN MENOS?

Por: Dunia Oriana G. R.

“¿La mujer? Es muy sencillo, afirman los aficionados a las fórmulas simples: es una matriz, un ovario; es una hembra: basta para definirla”. El Segundo Sexo, Simone de Beauvoir.

Podio de chicas

Hace cuatro años que soy escaladora. Años en los que he ido asumiendo retos cada vez mayores para aumentar mi nivel y mi rendimiento físico. Hoy  por hoy, aún no me puedo denominar deportista. Todavía me falta más disciplina y tener más claros mis proyectos y objetivos. Sin embargo, en la comunidad escaladora en la que me muevo hay chicas que tienen más claros sus objetivos, deportistas de alto nivel, mujeres que me inspiran a seguir cada vez más y a sacarme de la cabeza que los hombres son más fuertes. No estoy diciendo que todas lo sean, todas  y todos tienen diferentes procesos. Pero, no es de negar que la escalada es un deporte con una población mayor masculina que femenina: de 10 hombres hay 5 mujeres. El número es reducido, aunque cada vez hay más mujeres dispuestas a retar sus limitaciones.

Ahora bien, hace un año y medio empecé a competir. Cuando tomé la decisión pensé en medirme con otras chicas. El resultado fue que aprendí sobre mis capacidades, mi método de entrenamiento y, sobre todo reflexioné, sobre mi proceso: ¿Por qué escalo? ¿Qué quiero lograr? Fueron los interrogantes que me impulsaron a tomar con más seriedad este deporte.

Gracias a estas incógnitas me he ido relacionando con escaladoras y escaladores que entrenan disciplinadamente para competir. A veces nos encontramos en el muro o en la roca; allí están siempre dando lo mejor tanto física como mentalmente, sin diferenciarse, pues tanto ellas como ellos lo dejan todo en sus pegues. Entonces, me pregunto: ¿por qué las campeonas reciben menos cantidad de dinero cuando suben al podio? No estoy especulando, no se trata de una posición radical feminista. Al contrario, pensé que en los deportes la discriminación no tenía cabida. ¡Vaya que me he equivocado! Curiosamente el otro día estaba tomando unas cervezas con unas amigas y amigos que escalan, y en el círculo de chicas una comentó que le parecía muy injusto que a la chica que había ganado en Maestras, le hubiesen pagado 100 mil pesos menos que al Maestro. Ingenuamente su mejor amiga le decía que contara bien, que tal vez “ella se había equivocado”. Resulta que no fue así. Los premios fueron de cantidades diferentes. El hombre ganó más que la mujer por su esfuerzo. Yo me pregunto, ¿acaso ella no se esforzó, no entrenó, no pagó la misma cantidad de dinero en la inscripción, no fue campeona? ¡Qué sucedió? ¿El presupuesto no alcazaba?

La historia no termina aquí. El 3 de mayo fui a una competencia de bicimontañismo, una muy importante de Cundinamarca, y resulta que cuando almorzábamos con unos bici amigos que compitieron, ellos mismos se extrañaban de que a la ciclista que recorrió los mismo 50 y punta kilómetros en un excelente tiempo, que era la categoría que se premiaba con dinero, le hubiesen pagado 50 mil pesos menos que al ciclista. Yo comenté que eso mismo había pasado con la competencia de Masivo y no sé con cuántas más. De la discusión surgieron dos argumentos: 1. La diferencia se debía al presupuesto. 2. Siempre se ha hecho de ese modo.

Al respecto del primero, me parece que no se sostiene por sí mismo, porque si faltaba dinero pues en el caso de Masivo eran 100 mil pesos la diferencia, podría pagarse igual a los campeones y motivar  a un cuarto (que esa es otra polémica, la premiación a los tres primeros). En cuanto al segundo, si siempre se ha hecho así y se sigue realizando de la misma manera: ¿Cuáles son los argumentos para reconocer el esfuerzo de las mujeres? Acaso, ¿es menor el esfuerzo, por tanto menor la paga? ¡La ciclista no recorrió los mismos kilómetros que el ciclista?

Aunque parezca sesgada mi visión, y tal vez lo sea, porque no he podido hablar con las personas que realizaron el evento, sin embargo, sería eufemístico de mi parte pensar que esto es una trivialidad o una liviandad que se puede dejar pasar por alto. Lo claro en este asunto es que este también es un espacio en el que se debe reflexionar sobre la equidad de género, las mujeres no solo deben cargar con el peso de salirse de los estereotipos marcados de nuestra sociedad, en la que son otras actividades las que ella deberían hacer, y otro cuerpo el que se debería moldear. Ahora también, nos falta empezar a oponernos a este tipo de discriminación, porque sin ir más allá, en estos ejemplos es notoria. A mí, estas situaciones me motivan para abrir espacios de diálogo y de encuentros con la comunidad escaladora, para que empecemos a mirar si las cosas se tienen que seguir haciendo de la misma manera, si nosotras estamos dispuestas a asumir un rol pasivo e indiferente ante estas situaciones. O si como escaladoras guerreras de la roca asumimos retos en los que la equidad de género reivindique nuestros esfuerzos y sean valorados y juzgados objetivamente y nos sesgados por una visión machista y determinista. Donde se nos mire como un ser humano en igualdad de condiciones. Porque, ¡¿acaso por ser mujeres son menores nuestros esfuerzos?! ¿Cómo nos consideran  lo escaladores y quienes realizan estos eventos? ¡Cuáles son sus argumentos para pagar diferentes cantidades a las campeonas y a los campeones? Si miramos que los premios son para motivar, qué mensaje nos están dando. ¡Confórmate? ¡O agradece que te premiemos?

Cordada de chicas es un grupo en el que estamos no solo reflexionando sobre los procesos de formación de la escalada, sino también, los culturales, los ideológicos que repercuten en las nuevas generaciones y que pueden tornarse obstáculos en el deporte y la misma comunidad. Solo a través de las reflexiones y los diálogos podremos mirar que NO SE PUEDE SEGUIR HACIENDO DE LA MISMA MANERA. Los cambios son necesarios y un principio de la persona que escala es que la zona de confort o aquello que siempre se ha hecho o el método que usamos para vivir, la mayoría de veces cambia: ¡siempre se modifica para ser mejores cada vez! Espero que tanto mujeres como hombres empecemos a construir nuevos discursos, nuevas visiones de los esfuerzos individuales y colectivos. Y actuemos diferentes,  equitativamente de acuerdo con los esfuerzos y méritos de cada deportista.

 

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