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¿Por qué correr grandes distancias y no ir a clases de meditación?

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Esta vez voy a empezar por el final. Esta soy yo, seis horas después de correr 25 km en una carrera de Trail running, llamada Volcano Trail; desarrollada principalmente en el Volcán el Machín del municipio de Cajamarca-Tolima… en el país más exótico que conozco hasta ahora: Colombia.

Antes del final – para ser exacta a eso de la mitad de la carrera- en mi pie izquierdo apareció una ampolla igual de grande a mi talón, me sucedió mientras corría, creo que fue en el kilómetro 12,  luego de pasar el segundo punto de hidratación. ¿Por qué no dejé de correr? Al principio creí que era una pequeña molestia, tal vez por el calor  y por el terreno pedregoso y caliente de la tierra, creí que los zapatos me estaban incomodando “lo normal”, que la molestia era debido al esfuerzo que estaba haciendo por alcanzar a las tres primeras competidoras que iban delante de mí. Así que creí que era algo menor, que si no se reventaba la ampolla, no habría nada de qué preocuparme. Y seguí avanzado otros tramos, hasta que en un descenso técnico me vi en graves aprietos porque realmente la ampolla ya no se sentía tan pequeña, es más, fui consciente de que era un gran ampolla y que me estaba doliendo lo suficiente para hacerme creer que lo mejor era abandonar la carrera.

En medio de esos pensamientos, supe que no lo haría, pues estaba en la mitad de la carrera, lejos de los puntos de ayuda y no me rendiría por algo como eso, a menos de que ya fuera insufrible. Menos cuando me había prometido correr velozmente exigiendo un ritmo más constante en descensos y ascensos para saber si podía lograrlo. De modo que esas ideas se esfumaron a causa de los pensamientos que me repetí mentalmente:

>Sabes que es una pequeña molestia, has pasado por cosas peores, más dolorosas, esto no es nada . ¡Qué hermoso paisaje! ¿Qué pájaros están cantando? ¿Cuánto calor hace? ¡Debo darme prisa para terminar con esto! ¡¡Venga, ánimo, estás hecha para correr, naciste para correr, amas correr!! Aprieta, aprieta y respira… Cuando llegue a la meta me comeré algo delicioso y una cerveza helada… Venga, sigue, sigue que ya las alcanzas.

Había una maravillosa lluvia de pensamientos que me animaban a seguir, a mantener la calma, a controlar el dolor. Cuando empiezo a correr en una competencia, casi siempre tengo un montón de ideas en mi cabeza. Los primeros  kilómetros se hacen insoportables porque puedo escuchar atentamente todas aquellas cosas que ignoro por el afán de la rutina y los días interminables de trabajo y entrenamiento. Pero cuando corro distancias largas no puedo escapar a ese tiempo en el que me debo escuchar atentamente así como los demás sonido del bosque, la selva, el páramo… de la naturaleza en la que corra. Es como una meditación. Porque luego de los diez kilómetros todos los pensamientos empiezan a reducirse y siento que soy liviana, ligera y rápida y que todo lo otro no importa. Solo transcurro por paisajes e imágenes rápidas, de las cuales recuerdo lo que me transmiten. Puedo decir con seguridad que, unos kilómetros antes de terminar una competencia, a pesar del cansancio y la fatiga, mi mente está completamente en blanco, en el presente, en el momento ahí, en un estado de concentración tan profundo que solo estoy corriendo sin más, sin pensar en nada. Solo corro con una inercia a la que le llamo ritmo y con una alegría tremenda, pues cada vez que estoy más cerca a la meta, me puedo sentir más orgullosa de quién soy. Acepto el esfuerzo que hice, valoro cada progreso y añoro con hacerlo cada día mejor, es decir, que pueda correr más en silencio, despejada y con una sonrisa más grande que el cielo; que esa hermosa sensación de tener la mente en blanco invada mi mente siempre.

Los pensamientos que acuden a mi mente cuando corro se parecen a la nubes del cielo. Nubes de diversas formas y tamaños. Nubes que vienen y se van. Pero el cielo siempre es el cielo. Las nubes son sólo meras invitadas. Algo que pasa de largo y se dispersa. Y sólo queda el cielo… Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr.

Pero, ¿por qué correr grandes distancias y no ir a clases de meditación? Tal vez porque mi naturaleza salvaje me empuja hacia lo primitivo de la existencia humana, tal vez porque me di cuenta que cada fragmento del paisaje me evoca una nueva idea, un renovado pensamiento y mi mente se hace fuerte al mismo tiempo que mi cuerpo. Entonces, allí en esa dualidad (dualidad que me permito honrar porque nos han enseñado en occidente a creer que estamos separados, dispersos e inmunes) me siento completa, maravillosamente completa y enamorada de la vida. Eso es lo que pienso parada en la meta, antes de salir. Pienso que amo la vida y que la siento plenamente cuando me dedico a recorrer el mundo con mis pies, pulmones y brazos impulsando mi existencia hacia adelante, descubriendo cada tramo, improvisando soluciones y luchando hasta el final, cualquiera que sea.

Solamente resta por decir: ¡Vamos a correr, en manada o en solitario…! ¡Vamos a meditar de maneras diferentes y efectivas para nuestra vida!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Filed under Literatura creativa, Trail running

¿POR QUÉ LAS CAMPEONAS GANAN MENOS?

Por: Dunia Oriana G. R.

“¿La mujer? Es muy sencillo, afirman los aficionados a las fórmulas simples: es una matriz, un ovario; es una hembra: basta para definirla”. El Segundo Sexo, Simone de Beauvoir.

Podio de chicas

Hace cuatro años que soy escaladora. Años en los que he ido asumiendo retos cada vez mayores para aumentar mi nivel y mi rendimiento físico. Hoy  por hoy, aún no me puedo denominar deportista. Todavía me falta más disciplina y tener más claros mis proyectos y objetivos. Sin embargo, en la comunidad escaladora en la que me muevo hay chicas que tienen más claros sus objetivos, deportistas de alto nivel, mujeres que me inspiran a seguir cada vez más y a sacarme de la cabeza que los hombres son más fuertes. No estoy diciendo que todas lo sean, todas  y todos tienen diferentes procesos. Pero, no es de negar que la escalada es un deporte con una población mayor masculina que femenina: de 10 hombres hay 5 mujeres. El número es reducido, aunque cada vez hay más mujeres dispuestas a retar sus limitaciones.

Ahora bien, hace un año y medio empecé a competir. Cuando tomé la decisión pensé en medirme con otras chicas. El resultado fue que aprendí sobre mis capacidades, mi método de entrenamiento y, sobre todo reflexioné, sobre mi proceso: ¿Por qué escalo? ¿Qué quiero lograr? Fueron los interrogantes que me impulsaron a tomar con más seriedad este deporte.

Gracias a estas incógnitas me he ido relacionando con escaladoras y escaladores que entrenan disciplinadamente para competir. A veces nos encontramos en el muro o en la roca; allí están siempre dando lo mejor tanto física como mentalmente, sin diferenciarse, pues tanto ellas como ellos lo dejan todo en sus pegues. Entonces, me pregunto: ¿por qué las campeonas reciben menos cantidad de dinero cuando suben al podio? No estoy especulando, no se trata de una posición radical feminista. Al contrario, pensé que en los deportes la discriminación no tenía cabida. ¡Vaya que me he equivocado! Curiosamente el otro día estaba tomando unas cervezas con unas amigas y amigos que escalan, y en el círculo de chicas una comentó que le parecía muy injusto que a la chica que había ganado en Maestras, le hubiesen pagado 100 mil pesos menos que al Maestro. Ingenuamente su mejor amiga le decía que contara bien, que tal vez “ella se había equivocado”. Resulta que no fue así. Los premios fueron de cantidades diferentes. El hombre ganó más que la mujer por su esfuerzo. Yo me pregunto, ¿acaso ella no se esforzó, no entrenó, no pagó la misma cantidad de dinero en la inscripción, no fue campeona? ¡Qué sucedió? ¿El presupuesto no alcazaba?

La historia no termina aquí. El 3 de mayo fui a una competencia de bicimontañismo, una muy importante de Cundinamarca, y resulta que cuando almorzábamos con unos bici amigos que compitieron, ellos mismos se extrañaban de que a la ciclista que recorrió los mismo 50 y punta kilómetros en un excelente tiempo, que era la categoría que se premiaba con dinero, le hubiesen pagado 50 mil pesos menos que al ciclista. Yo comenté que eso mismo había pasado con la competencia de Masivo y no sé con cuántas más. De la discusión surgieron dos argumentos: 1. La diferencia se debía al presupuesto. 2. Siempre se ha hecho de ese modo.

Al respecto del primero, me parece que no se sostiene por sí mismo, porque si faltaba dinero pues en el caso de Masivo eran 100 mil pesos la diferencia, podría pagarse igual a los campeones y motivar  a un cuarto (que esa es otra polémica, la premiación a los tres primeros). En cuanto al segundo, si siempre se ha hecho así y se sigue realizando de la misma manera: ¿Cuáles son los argumentos para reconocer el esfuerzo de las mujeres? Acaso, ¿es menor el esfuerzo, por tanto menor la paga? ¡La ciclista no recorrió los mismos kilómetros que el ciclista?

Aunque parezca sesgada mi visión, y tal vez lo sea, porque no he podido hablar con las personas que realizaron el evento, sin embargo, sería eufemístico de mi parte pensar que esto es una trivialidad o una liviandad que se puede dejar pasar por alto. Lo claro en este asunto es que este también es un espacio en el que se debe reflexionar sobre la equidad de género, las mujeres no solo deben cargar con el peso de salirse de los estereotipos marcados de nuestra sociedad, en la que son otras actividades las que ella deberían hacer, y otro cuerpo el que se debería moldear. Ahora también, nos falta empezar a oponernos a este tipo de discriminación, porque sin ir más allá, en estos ejemplos es notoria. A mí, estas situaciones me motivan para abrir espacios de diálogo y de encuentros con la comunidad escaladora, para que empecemos a mirar si las cosas se tienen que seguir haciendo de la misma manera, si nosotras estamos dispuestas a asumir un rol pasivo e indiferente ante estas situaciones. O si como escaladoras guerreras de la roca asumimos retos en los que la equidad de género reivindique nuestros esfuerzos y sean valorados y juzgados objetivamente y nos sesgados por una visión machista y determinista. Donde se nos mire como un ser humano en igualdad de condiciones. Porque, ¡¿acaso por ser mujeres son menores nuestros esfuerzos?! ¿Cómo nos consideran  lo escaladores y quienes realizan estos eventos? ¡Cuáles son sus argumentos para pagar diferentes cantidades a las campeonas y a los campeones? Si miramos que los premios son para motivar, qué mensaje nos están dando. ¡Confórmate? ¡O agradece que te premiemos?

Cordada de chicas es un grupo en el que estamos no solo reflexionando sobre los procesos de formación de la escalada, sino también, los culturales, los ideológicos que repercuten en las nuevas generaciones y que pueden tornarse obstáculos en el deporte y la misma comunidad. Solo a través de las reflexiones y los diálogos podremos mirar que NO SE PUEDE SEGUIR HACIENDO DE LA MISMA MANERA. Los cambios son necesarios y un principio de la persona que escala es que la zona de confort o aquello que siempre se ha hecho o el método que usamos para vivir, la mayoría de veces cambia: ¡siempre se modifica para ser mejores cada vez! Espero que tanto mujeres como hombres empecemos a construir nuevos discursos, nuevas visiones de los esfuerzos individuales y colectivos. Y actuemos diferentes,  equitativamente de acuerdo con los esfuerzos y méritos de cada deportista.

 

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