Category Archives: Publicaciones arriesgadas

Lo inexplicable

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 Escrito y publicado por:
Dunia Oriana González Rodríguez©  
Cuatro Ojos Editorial

 

Me gustaría hablar del dolor como una cosa trivial

y clasificarlo en una actitud necia de saber

pero el dolor se te enraíza en la piel

el dolor viene y te recuerda las fechas

que quieres sobre llevar

porque con el tiempo

te das cuenta que no las quieres olvidar.

 

Me gustaría hablar del dolor como cualquier cosa podrida

como una fruta pasada en el frigorífico y nada más

y sin embargo el dolor está aquí en medio de todo

de los días -de los malos días- de las horas

de los instantes… En cada recuerdo el dolor

allí lo ves tan presente.

 

Me gustaría que el dolor se portara bien

como un niño al que se le han prometido los mejores obsequios

según se comporte durante la visita o los días de escuela.

 

Me gustaría que el dolor sufriera de amnesia

y entonces dejara de venir a visitarme cuando menos lo quiero

y cuando menos me interesa que aparezca.

 

Me gustaría que el dolor fuera una cosa

así tan sencilla como una inhalación

y una exhalación y ya nunca más

de su existencia se supiera.

 

Me gustaría decir orgullosamente que el dolor

que siento se ha esfumado

que viene a visitarme y no me afecta

el día, la hora, el mes, ni el año

ni tampoco el ánimo o los sueños.

 

Me gustaría que mi dolor me avisara con tiempo su visita

y así atenderlo

tomar sus maletas y ponerlas en el cuarto de huéspedes

tenderle la cama con sábanas limpias

y buscar la mejor almohada para su cabeza.

 

Quisiera que el dolor avisara su llegada y su partida

y así estaría preparada para sus punzadas y recuerdos

con una botella de vino blanco para pasar el tiempo

o una postal vieja como desagravio.

 

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*Licenciada en Español y Literatura de la Universidad Industrial de Santander-UIS. Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central-UC. Actualmente, estudia una maestría en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Salamanca. Ha sido correctora de estilo para la Universidad Manuela Beltrán y Pamplona, así como para diferentes empresas y editoriales del sector público y privado. Se ha desarrollado como editora en proceso de autoedición y servicios editoriales para autores y fundaciones con enfoque de género y memoria. Ha desarrollado cursos de francés básico para público en general y empresarial. Se ha desempeñado como Directora ejecutiva y administrativa de la REIC para la FILBO 2018 y proyectos a la par. También es escritora y ha publicado poemas, cuentos, artículos, ensayo, crónicas, entre otros, para portales independientes en internet, publicaciones universitarias y revistas independientes sobre la creación literaria, redacción, gramática, comprensión lectora, edición independiente, feminismo, educación, deportes como escalada, trail running y mountain bike.

 

 

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Al respecto del arte poético

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Escrito por:
*Dunia Oriana González Rodríguez©

 

Algo tan maravilloso y esquivo como un animal salvaje, así es la poesía.

Hay que adentrarse con cautela a la selva de sus misterios, pisar con atención cada camino, cada paradoja que nos producen las bifurcaciones. Cada planta llena de sonidos y vocales que se esparcen como esporas peligrosas nos van rozando poco a poco la piel, que ha sido manchada por el sol, la lluvia y el viento del espeso bosque, al que sin más remedio llegamos por curiosidad; entonces aparece claramente la necesidad de contar o simplemente porque nuestros pasos apuntaron a esa dirección, nos fue seduciendo como una idea a punto de caer totalmente ilesa sobre la hoja en blanco.

La poesía juega con nosotros y nos hace pequeños dioses taciturnos, malditos cuando profesamos; halados cuando podemos exorcizar todos los fantasmas, dolores, tristezas, alegrías y amores que se nos van acumulando, allí, en la parte posterior cercana al corazón, un lugar que los médicos no pueden precisar a pesar de su argucia y los avances tecnológicos, pero que los poetas sabemos que existe porque allá, en ese lugar, empieza esa tremenda sensación, esa irremediable molestia, que poco a poco se va acomodando en el esófago y paulatinamente va enronqueciendo la garganta, inflamando la lengua, produciendo hinchazón al paladar, salivando gruesamente cada fonema.

Es así como en esa terrible congestión, en los síntomas más sutiles cual resfriado inadvertido nos obliga a carraspear, aclararnos la voz e inútilmente saber que es hora de sentarnos a escribir; porque se ha conjurado el deseo de cantar aquello que nuestro cuerpo mismo rechaza y que el entendimiento se niega, se nubla por ruidos malsanos, cotidianos, pestilencias de modernidad y fruslerías humanas.

También la dicha puede hacernos escapar a nuestro destino de poetas, si pensamos que cualquier otra cosa que no sea jugar y provocar a los espíritus a través de los versos nos llena de sentido y nos arrebata la loca emoción de creernos videntes, posibles videntes que escriben a ciegas sintiendo un llamado más allá de las estrellas, una sinrazón que nos empuja a sentarnos y devorar rima tras rima palabras que se entretejen y que vienen en nuestro auxilio de pequeños dioses creadores, desde buhardillas o palacetes magníficos. No hay lugar, no hay tiempo, no hay espera.

En la hoja en blanco las manos traducen lo que alma dicta en susurros, en silencios, en sueños amargos o claros, al momento de pasar la calle, o justo cuando las nubes se electrizan y roban con el viento las hojas secas de los árboles… Cuando la mujer besa lujuriosamente a su amante reclamando su derecho a ser o el hombre obnubilado asesina placenteramente a su víctima saltándose las reglas de la sociedad.

Se nos vuelve arma letal y al mismo tiempo insulsa, así de contradictoria, de déspota, de magna sobre la pobre humanidad, bebiendo de sus existencias, arrancado hasta la última gota de ritmo y musicalidad para cantar a sus anchas, alegres o lastimeras tonadas; allí provocando ebriedad y enfado para quienes escuchan y no leen, para quienes leen y se arraigan a escribir, y también para los que siendo poderosos no les seduce, por lo que la ven como un ataque, kamikaze terrorista, blasfemia y tragedia.

Escribimos poemas como un acto de fe a veces encubierto de esperanza y otras de tregua, remordimiento, olvido y hartazgo. Escribimos poemas cuando no podemos gritar, cuando no podemos encontrar la parte exacta en la que duele el amor, la muerte, la decepción, la locura, la soledad, o la risa que nos ha embriagado el ser de vitalidad.

Escribimos libres convencidos de que tal vez es la única manera de estar ahí, de traducir las imágenes y las palabras perdidas del mundo; de retratar con ahínco aquello que está afuera y dentro de nosotros y que nos configura y concretiza en diferentes realidades, aquello que se nos convierte en trasmutación.

Escribimos poesía cuando todas las demás formas convencionales se nos han escapado de sentido y nos dejan en la trinchera de las ilusiones adornadas de enormes reservas de versos y libros abiertos por leer. Podemos crear poemas porque se nos hace tan necesario como respirar; se nos convierte el estado natural más acertado para comprender la vida y la muerte; lo tangible y lo inmaterial; lo profano y lo religioso; lo trascendental y lo cotidiano; todas las formas de lo contrario y lo versátil del existir.

 

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*Licenciada en Español y Literatura de la Universidad Industrial de Santander-UIS. Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central-UC. Actualmente, estudia una maestría en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Salamanca. Ha sido correctora de estilo para la Universidad Manuela Beltrán y Pamplona, así como para diferentes empresas y editoriales del sector público y privado. Se ha desarrollado como editora en proceso de autoedición y servicios editoriales para autores y fundaciones con enfoque de género y memoria. Ha desarrollado cursos de francés básico para público en general y empresarial. Se ha desempeñado como Directora ejecutiva y administrativa de la REIC para la FILBO 2018 y proyectos a la par. También es escritora y ha publicado poemas, cuentos, artículos, ensayo, crónicas, entre otros, para portales independientes en internet, publicaciones universitarias y revistas independientes sobre la creación literaria, redacción, gramática, comprensión lectora, edición independiente, feminismo, educación, deportes como escalada, trail running y mountain bike.

 

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¿Tiempos de solead diferentes a tiempos de soltería?

«No estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar, 

estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar».

Ángela Deivis

Escrito por Dunia Oriana González Rodríguez©.

   Si bien es cierto que la mujer se le ha venido educando para que sea dependiente afectiva y económicamente de un hombre, o de cualquier figura que represente al padre proveedor, también es cierto que esa educación simplemente está mandada recoger y muchas mujeres, en sus proceso y experiencia de vida, se han ido librando de ese constructo social, cultural, ideológico y educativo en el que han estado inmersas.

   Pero en este texto, lo que realmente se quiere plantear es una reflexión en cuanto al rol que debe ocupar la mujer cada vez que está «sola», en otras palabras, sin un hombre o una pareja. Para hacerlo más claro, cuando una mujer opta deliberadamente permanecer un tiempo sola o toda su vida, sin que esto indique que se aísle de sus amigos, familia y, por su puesto, flirteos amoroso y sexuales.

 

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   Cuando un hombre está solo no se le pregunta por qué está solo ni tampoco se le anima a que encuentre una pareja cuanto antes; al contrario, se le alienta fervorosamente para que viaje, se distraiga, socialice y conozca todas las mujeres que estén a su alcance; y ES NORMAL que lo haga, lo fuera de lo común es que no esté dispuesto a hacerlo o que ni siquiera se lo plantee.

   Si se piensa en el caso de una mujer, en este contexto machista y patriarcal como lo es Colombia, por el contrario todas las personas a su alrededor (sobre todo hombres) expresan su preocupación si una mujer no desea tener una relación seria en menos de lo que ha terminado la anterior, e incluso se le mira de reojo, se le juzga, se le señala y sobre todo se le insinúa su inclinación a llevar una vida o al querer intentar una vida ligera y poco circunspecta, en otras palabras más castizas, se le tacha de «calenturientas», de «promiscua» y por encima de cuanta cosa se diga, se le encasilla como una mujer que no sabe lo que quiere por ende es un peligro, una menor de edad, una persona que «seguramente» terminará solterona o con un hijo sin padre «concreto».

  Pero la gente es muy estrecha de miras, no se detiene a pensar si acaso este tipo de mujer, por decirlo de alguna manera, tiene otras prioridades, pueden ser creativas, laborales, deportivas o simplemente no tener que invertir todo su tiempo y energías en una relación; también puede contemplarse el agotamiento de entrar y salir de una relación, sin tiempo para reflexionar, solo por el simple hecho de ser educada en una idea del miedo a la soledad, a estar consigo misma, a auto-descubrirse, auto-reconocerse… Y tal vez pueden ser todas juntas; o ninguna de las anteriores.

 Tal vez la sociedad pacata colombiana aún no acepta la mujer del siglo XXI, la independiente, la que se edifica y se deconstruyen todas las veces que los cambios y las transformaciones de sus vivencias profesionales y afectivas así lo ameritan. No solo la gente es estrecha de miras, la misma mujer aún no puede reconocer como tal, está en continúo conflicto tratando de sobre llevar los requisitos para los cuales ha sido educada (una educación en detrimento y rezagada por el siglo) y los verdaderos deseos de poder SER en relación con sus propios principios y los del «otro» (guiño sartreano). 

   Sin embargo, con lo que deben lidiar las mujeres es que no es admisible que anden solas por el mundo haciendo lo que se les viene en gana, SIENDO JODIDAMENTE FELICES sin depender, sin necesitar a otros de manera tóxica; viviendo libres y amorosas sin el deseo de poseer o permanecer con alguien por no poder estar solas, al contrario de erigirse como la persona que siempre han soñado.

  Entonces, ¿quién le dijo a la gente que puede ir por ahí diciendo y señalando a las mujeres que han despertado y que se han tomado la molestia de asumirse como sujetos libres, con derechos y auto-edificables? ¿Por qué una mujer tiene que ser la costilla de otro, la sombra, la extensión, la hija, la hermana, la esposa, la novia, la amante, la puta de…? ¿Por qué cuando optamos por nuestra individualidad como estandarte también se nos juzga y se nos trata como si fuéramos unas leprosas?

  ¿Por qué nos convertimos en un peligro para el statu quo de la sociedad y de las pequeñas comunidades en las que interaccionamos activamente? ¿Por qué tenemos que seguir llevando el miedo del hombre en nuestros hombros? ¿Quién dijo que en este siglo tenemos que seguirnos comportando como si no tuviéramos oportunidades, ni carreras, ni empresas, ni todas las ventajas de la equidad que el feminismo ha aportado? ¿Por qué es más grande el miedo de reconocernos como personas libre pensadoras y capaces de vivir nuestra propia vida?

  Ya viene siendo hora que, aunque nos juzguen y señalan y nos exilien, tengamos el valor de asumir nuestra vida como mejor nos plazca, sí, como mejor nos de placer, felicidad, amor propio, libertad, aventura, riesgo, tenacidad y esperanza. Ya es la hora de que a pesar de todos los comentarios y malas famas aportemos a la sociedad desde la capacidad de confrontar la educación del miedo a estar, viajar, salir, divertirnos, existir «solas» e independientes.

  Reitero, solas como la forma más cercana a no tener que ser la extensión de alguien más para que podamos ser reivindicadas e incluso aceptadas; para que podamos ser sin adjetivos posesivos o calificativos: solo ser nosotras mismas en relación con el mundo y los «otros».

 

**Nos gustaría que nos comentaras qué otros temas te interesan sobre el rol de la mujer en el siglo XXI en relación con la sociedad.

 

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Licenciada en Español y Literatura de la Universidad Industrial de Santander-UIS. Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central-UC. Actualmente, estudia una maestría en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Salamanca. Ha sido correctora de estilo para la Universidad Manuela Beltrán y Pamplona, así como para diferentes empresas y editoriales del sector público y privado. Se ha desarrollado como editora en proceso de autoedición y servicios editoriales para autores y fundaciones con enfoque de género y memoria. Ha sido profesora escritura creativa para la Fundación Arte y Escritura. Ha desarrollado cursos de francés básico para público en general y empresarial. Se ha desempeñado como Directora ejecutiva y administrativa de la REIC para la FILBO 2018 y proyectos a la par. También es escritora y ha publicado poemas, cuentos, artículos, ensayo, crónicas, entre otros, para portales independientes en internet, publicaciones universitarias y revistas independientes sobre la creación literaria, redacción, gramática, comprensión lectora, edición independiente, feminismo, educación, deportes como escalada, trail running y mountain bike.

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¿Me falla la conexión al momento de escribir?

Una vez más hemos invitado a Laura Bonilla*, colaboradora de Cuatro Ojos Editorial  para que nos cuente sobre la coherencia textual; en este caso, sobre uno de sus elementos como lo son los conectores discursivos.

 

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Esto nos sucede todo el tiempo con la red inalámbrica o como acostumbramos a llamarla wifi. Nos falla la conexión, la red se nos cae. Asimismo nos pasa con los textos, cuando escribimos nos sucede que al leerlo un párrafo no conecta con el otro, empezamos con una cosa y terminamos con otra o sencillamente no sabemos por dónde seguir.

Así es como nos damos cuenta de que nuestro texto carece de coherencia, algo no cuadra.

Esto puede deberse a que nos faltan conectores, es decir, palabras que nos sirven para relacionar ideas expresando de la forma más clara el modo en que se relacionan entre sí para dar mayor coherencia a nuestro discurso y hacerlo más entendible para nuestros lectores.

Es así como, el camino de la escritura está orientado por los conectores lógicos y que si no sabemos usar, nos falla la conexión y el texto se nos cae.

De manera que aprender a organizar las oraciones, los párrafos o lo que los estudiosos de la redacción llaman microestructura y macroestructura textual es fundamental para sostener nuestros textos y decir con claridad las ideas que se encuentran en nuestra cabeza. Ya sea que estemos escribiendo una novela, un cuento, un ensayo, un texto argumentativo corto, una carta de amor y hasta un mail, todas las ideas que en estos tipos de textos expongamos deben conectarse para que tengan sentido.

En el texto que sigue podrán encontrar algunos ejemplos de cómo usar los conectores lógicos para contradecir una idea o para marcar contraste.

Si nos ubicamos un poco, recordaremos que el típico conector que usamos para contradecir una idea es el pero. De hecho, el pero se ha convertido en una muletilla peeeeero que a veces incomoda a nuestros interlocutores. Incluso, el uso del pero es tan cotidiano que decimos, por ejemplo: “Ve a jugar con tus amigos, pero luego debes hacer la tarea” (ya quisiéramos que nos hubieran dicho esto cuando éramos niños, siempre fue primero la tarea y era tan larga que luego no salíamos a jugar).

Pero bueno, como definición formal en el diccionario de la Academia pero es una conjunción adversativa enlistada en el grupo de los Pronombres de la lengua española. Su uso, como advertíamos al principio, es contraponer un concepto del anterior que se mencione. Es una palabra muy utilizada como conector, pero es importante saber que NO es la única.

Nuestra lengua es rica en léxico y por supuesto en palabras sinónimas que nos permite tener una gran lista de la cual podemos echar mano cuando estemos en la gran tarea que es escribir.

Dentro de los conectores para contradecir una idea, también llamados opositivos, encontramos tres categorías: los conectores restrictivos, donde se encuentra el pero y sus sinónimos, los de exclusión, que sirven para indicar que la información precedente tiene un sentido diferente y más bien son sinónimos de sino y los de diferenciación que marcan un contraste total entre lo que se entre relacionando.

Al utilizar el siguiente listado no solo estamos ampliando y diversificando nuestro léxico, sino dándole un toque de estilo importante a nuestro texto:

coffee is a language itself.

 

Aunque todos los conectores anteriores pertenecen a la categoría adversativa, su uso varía de acuerdo con la intencionalidad de nuestro texto. En ese sentido, se deben utilizar según el tipo de oposiciones que pretendamos manejar.

Por ejemplo, si queremos restringir una característica dentro de una misma idea, lo ideal es utilizar los conectores lógicos de oposición parcial:

 

  • Vine a la capital, pero estaré por pocos días.
  • Se encontraba solo en el mundo, sin embargo, amaba la vida.
  • El equipo de sus amores ganó el campeonato, pese a ello no clasificó a la final nacional porque no le alcanzaron los puntos.

Si queremos hacer una exclusión simple, es decir, marcar una oposición de «lo uno o lo otro», lo recomendable es usar conectores lógico de relación adversativa del tipo exclusión:

  • No quiero ir a cine, sino al teatro.
  • Sé que no quieres estar conmigo, sólo que no entiendo por qué.
  • Llorar no arregla las cosas, más bien las empeora.

En el caso del uso de los conectores lógicos adversativos de diferenciación, se recomienda usar mientras que o en cambio, para oposiciones más fuertes, como el caso de un antagonismo se opta más por las variables de al contrario. Por ejemplo:

  • Tú irás a la playa, en cambio yo iré al campo.
  • En Medellín nos ahogamos con la contaminación, mientras que en Santa Marta disfrutamos de las brisas marinas.
  • Ella es brillante, por el contrario, él es mediocre.
  • Al contrario de lo que se cree, miles de personas prefieren que sus representantes tengan carácter, que levanten la voz no a los tímidos o aquellos a los que llaman tibios.

Ahora sí, manos a la obra, echen mano de alguno de estos conectores. La tarea será dejar de usa el pero y más bien hacer uso de estas otras opciones que le van muy bien a nuestro estilo de redacción. Nos vemos en la próxima entrega de Ortografía para Escritores.

 

**Nos gustaría que nos comentaras qué otras dificultades y/o curiosidades identificas al momento de escribir.

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*Licenciada en español y literatura por la Universidad Industrial de Santander, UIS. Tiene un máster en Semiótica discursiva y actualmente realiza un doctorado en Letras, específicamente en Análisis del discurso político, en el Instituto de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, UBA. Ha sido profesora de cátedra de la UIS en las asignaturas de Taller de lenguaje y sociolingüística y docente de tiempo completo en la Universidad Pontificia Bolivariana, UPB, orientando las clases de Semiología y Taller de Investigación. Producto de sus proyectos de investigación ha escrito algunos artículos científicos, y participado en congresos académicos nacionales e internacionales. Ha trabajado de forma freelancer como correctora de estilo. También escribe para portales independientes en internet sobre política, feminismo y educación.

 

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El Día Internacional de la Mujer es el día la mujer trabajadora que somos todas

Nos encanta compartir con ustedes nuestro trabajo a cerca de temas como el feminismo, derechos sexuales, empoderamiento, equidad de genero, en fin, tópicos culturales y político que nos mueven a la reflexión y el conocimiento.

Así que nuestra doctoranda Laura Bonilla nos comparte este texto a manera de datos históricos muy precisos sobre por qué conmemoramos un día al año las victorias de las mujeres en cuanto ala inequidad del mundo y sobre todo  en su deseo de poder ser, vivir y desarrollarse plenamente como seres humanos libres, pensantes, creativos, etc.

 

¿Sabías por qué se celebra el 8 de marzo?

¿Sí? ¿No?Bueno, te contamos que es la fiesta mundial de las mujeres, en la que se recuerda la lucha que por siglos han hecho las mujeres para alcanzar y defender sus derechos en la sociedad. Porque sí, hace un siglo las mujeres no disfrutábamos de los derechos que hoy parecería increíble no tener: derecho a elegir y ser elegidas, a la educación en todos los niveles, a organizarnos, derecho a poseer bienes, a decidir sobre nuestro estado civil, a elegir qué queríamos ser y hacer en la vida.

Todo se remonta a principios del siglo XX, con los antecedentes de la revolución francesa y los movimientos obreros de principios del siglo XIX, las mujeres se empezaron a organizar en torno a la exigencia de sus derechos laborales en las fábricas y sus derechos civiles en la sociedad.

En 1909 se celebra por primera vez el día de la mujer en un marcha por la ciudad de Nueva York alrededor de una huelga de trabajadores de fábricas de textiles en EEUU.

En 1910 en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague se declara este día con unanimidad como una celebración mundial y es a partir de 1911 que se celebra este día con manifestaciones públicas para exigir el derecho al voto y a ocupar cargos públicos, así como derechos al trabajo a formación profesional y a la no discriminación laboral para las mujeres.

 

8 de marzo

 

Así que año tras año las mujeres se tomaron las calles, reclamando sus derechos, nutriéndose del movimiento político y social que es el feminismo, entendiendo que lo personal es político, como Kate Millet lo escribió en Política Sexual en 1970 y poco a poco fueron tomándose todas las latitudes del mundo, los cinco continentes; hasta que en 1975 la ONU celebró este día y en 1977 la Asamblea General de la ONU invitó a todos los estados a que proclamaron de acuerdo a sus tradiciones históricas y costumbre nacionales el “Día de las Naciones Unidas para los derechos de la mujer y la paz internacional”.

Sin embargo, fue hasta el 2010 que esta entidad creó ONU mujeres con el fin de promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en el mundo.

Cada vez se hace más visible esta conmemoración pero al mismo tiempo cada vez sentimos que nos necesitamos más durante todo el año para luchar por nuestros derechos y hoy aún más por nuestra vida, una vida libre de violencias.

Este 2018 la conmemoración mundial estará acompañada del Paro Internacional de Mujeres, al igual que el año anterior que se realizó en más de 50 países para visibilizar la violencia machista en todas sus expresiones: sexual, social, cultural, política y económica.

¿Por qué paran las mujeres?

Porque somos la mitad de mundo y nuestro trabajo lo moviliza. También paramos para llamar la atención sobre la importancia de las mujeres en el trabajo y poner en la palestra pública las desigualdades a las que estamos sometidas: hacemos el mismo trabajo y no recibimos el mismo salario que los hombres[1]; seguimos haciendo el trabajo de cuidado, el trabajo doméstico y no recibimos pago por él[2]. Así que paramos, un día, unas horas, un momento para decir: No más.

Y hay que decirlo, el 8 de marzo más que una fiesta, es una conmemoración para recordar la lucha de las mujeres, hacer un balance del avance de nuestros derechos y sí, celebrar que cada año somos más conscientes del desafío que es la vida.

De manera que, agradecemos las flores y los chocolates, son muestras de cariño que nos gustan pero este día va mucho más allá. En la lucha necesitamos más acciones que regalos, necesitamos compromiso de la sociedad y todos sus miembros, hombres y mujeres que comprendan los problemas de género y actúen en relación a estos.  

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[1] Ver más en https://economixpodcast.wordpress.com/2015/03/16/las-mujeres-ganamos-menos-que-los-hombres-en-todo-el-planeta-y-tu-mama-tambien/

[2] Ver más en http://economiafeminita.com/el-capitalismo-tiene-un-socio-oculto-la-mujer-que-realiza-los-trabajos-domesticos-no-remunerados/

 

 

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