Monthly Archives: July 2018

¿Tiempos de solead diferentes a tiempos de soltería?

«No estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar, 

estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar».

Ángela Deivis

Escrito por Dunia Oriana González Rodríguez©.

   Si bien es cierto que la mujer se le ha venido educando para que sea dependiente afectiva y económicamente de un hombre, o de cualquier figura que represente al padre proveedor, también es cierto que esa educación simplemente está mandada recoger y muchas mujeres, en sus proceso y experiencia de vida, se han ido librando de ese constructo social, cultural, ideológico y educativo en el que han estado inmersas.

   Pero en este texto, lo que realmente se quiere plantear es una reflexión en cuanto al rol que debe ocupar la mujer cada vez que está «sola», en otras palabras, sin un hombre o una pareja. Para hacerlo más claro, cuando una mujer opta deliberadamente permanecer un tiempo sola o toda su vida, sin que esto indique que se aísle de sus amigos, familia y, por su puesto, flirteos amoroso y sexuales.

 

Una mujer debe ser dos cosas_ quien ella quiere y lo que ella quiere..png

 

   Cuando un hombre está solo no se le pregunta por qué está solo ni tampoco se le anima a que encuentre una pareja cuanto antes; al contrario, se le alienta fervorosamente para que viaje, se distraiga, socialice y conozca todas las mujeres que estén a su alcance; y ES NORMAL que lo haga, lo fuera de lo común es que no esté dispuesto a hacerlo o que ni siquiera se lo plantee.

   Si se piensa en el caso de una mujer, en este contexto machista y patriarcal como lo es Colombia, por el contrario todas las personas a su alrededor (sobre todo hombres) expresan su preocupación si una mujer no desea tener una relación seria en menos de lo que ha terminado la anterior, e incluso se le mira de reojo, se le juzga, se le señala y sobre todo se le insinúa su inclinación a llevar una vida o al querer intentar una vida ligera y poco circunspecta, en otras palabras más castizas, se le tacha de «calenturientas», de «promiscua» y por encima de cuanta cosa se diga, se le encasilla como una mujer que no sabe lo que quiere por ende es un peligro, una menor de edad, una persona que «seguramente» terminará solterona o con un hijo sin padre «concreto».

  Pero la gente es muy estrecha de miras, no se detiene a pensar si acaso este tipo de mujer, por decirlo de alguna manera, tiene otras prioridades, pueden ser creativas, laborales, deportivas o simplemente no tener que invertir todo su tiempo y energías en una relación; también puede contemplarse el agotamiento de entrar y salir de una relación, sin tiempo para reflexionar, solo por el simple hecho de ser educada en una idea del miedo a la soledad, a estar consigo misma, a auto-descubrirse, auto-reconocerse… Y tal vez pueden ser todas juntas; o ninguna de las anteriores.

 Tal vez la sociedad pacata colombiana aún no acepta la mujer del siglo XXI, la independiente, la que se edifica y se deconstruyen todas las veces que los cambios y las transformaciones de sus vivencias profesionales y afectivas así lo ameritan. No solo la gente es estrecha de miras, la misma mujer aún no puede reconocer como tal, está en continúo conflicto tratando de sobre llevar los requisitos para los cuales ha sido educada (una educación en detrimento y rezagada por el siglo) y los verdaderos deseos de poder SER en relación con sus propios principios y los del «otro» (guiño sartreano). 

   Sin embargo, con lo que deben lidiar las mujeres es que no es admisible que anden solas por el mundo haciendo lo que se les viene en gana, SIENDO JODIDAMENTE FELICES sin depender, sin necesitar a otros de manera tóxica; viviendo libres y amorosas sin el deseo de poseer o permanecer con alguien por no poder estar solas, al contrario de erigirse como la persona que siempre han soñado.

  Entonces, ¿quién le dijo a la gente que puede ir por ahí diciendo y señalando a las mujeres que han despertado y que se han tomado la molestia de asumirse como sujetos libres, con derechos y auto-edificables? ¿Por qué una mujer tiene que ser la costilla de otro, la sombra, la extensión, la hija, la hermana, la esposa, la novia, la amante, la puta de…? ¿Por qué cuando optamos por nuestra individualidad como estandarte también se nos juzga y se nos trata como si fuéramos unas leprosas?

  ¿Por qué nos convertimos en un peligro para el statu quo de la sociedad y de las pequeñas comunidades en las que interaccionamos activamente? ¿Por qué tenemos que seguir llevando el miedo del hombre en nuestros hombros? ¿Quién dijo que en este siglo tenemos que seguirnos comportando como si no tuviéramos oportunidades, ni carreras, ni empresas, ni todas las ventajas de la equidad que el feminismo ha aportado? ¿Por qué es más grande el miedo de reconocernos como personas libre pensadoras y capaces de vivir nuestra propia vida?

  Ya viene siendo hora que, aunque nos juzguen y señalan y nos exilien, tengamos el valor de asumir nuestra vida como mejor nos plazca, sí, como mejor nos de placer, felicidad, amor propio, libertad, aventura, riesgo, tenacidad y esperanza. Ya es la hora de que a pesar de todos los comentarios y malas famas aportemos a la sociedad desde la capacidad de confrontar la educación del miedo a estar, viajar, salir, divertirnos, existir «solas» e independientes.

  Reitero, solas como la forma más cercana a no tener que ser la extensión de alguien más para que podamos ser reivindicadas e incluso aceptadas; para que podamos ser sin adjetivos posesivos o calificativos: solo ser nosotras mismas en relación con el mundo y los «otros».

 

**Nos gustaría que nos comentaras qué otros temas te interesan sobre el rol de la mujer en el siglo XXI en relación con la sociedad.

 

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Licenciada en Español y Literatura de la Universidad Industrial de Santander-UIS. Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central-UC. Actualmente, estudia una maestría en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Salamanca. Ha sido correctora de estilo para la Universidad Manuela Beltrán y Pamplona, así como para diferentes empresas y editoriales del sector público y privado. Se ha desarrollado como editora en proceso de autoedición y servicios editoriales para autores y fundaciones con enfoque de género y memoria. Ha sido profesora escritura creativa para la Fundación Arte y Escritura. Ha desarrollado cursos de francés básico para público en general y empresarial. Se ha desempeñado como Directora ejecutiva y administrativa de la REIC para la FILBO 2018 y proyectos a la par. También es escritora y ha publicado poemas, cuentos, artículos, ensayo, crónicas, entre otros, para portales independientes en internet, publicaciones universitarias y revistas independientes sobre la creación literaria, redacción, gramática, comprensión lectora, edición independiente, feminismo, educación, deportes como escalada, trail running y mountain bike.

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¿Me falla la conexión al momento de escribir?

Una vez más hemos invitado a Laura Bonilla*, colaboradora de Cuatro Ojos Editorial  para que nos cuente sobre la coherencia textual; en este caso, sobre uno de sus elementos como lo son los conectores discursivos.

 

Cohesión textual.png

Esto nos sucede todo el tiempo con la red inalámbrica o como acostumbramos a llamarla wifi. Nos falla la conexión, la red se nos cae. Asimismo nos pasa con los textos, cuando escribimos nos sucede que al leerlo un párrafo no conecta con el otro, empezamos con una cosa y terminamos con otra o sencillamente no sabemos por dónde seguir.

Así es como nos damos cuenta de que nuestro texto carece de coherencia, algo no cuadra.

Esto puede deberse a que nos faltan conectores, es decir, palabras que nos sirven para relacionar ideas expresando de la forma más clara el modo en que se relacionan entre sí para dar mayor coherencia a nuestro discurso y hacerlo más entendible para nuestros lectores.

Es así como, el camino de la escritura está orientado por los conectores lógicos y que si no sabemos usar, nos falla la conexión y el texto se nos cae.

De manera que aprender a organizar las oraciones, los párrafos o lo que los estudiosos de la redacción llaman microestructura y macroestructura textual es fundamental para sostener nuestros textos y decir con claridad las ideas que se encuentran en nuestra cabeza. Ya sea que estemos escribiendo una novela, un cuento, un ensayo, un texto argumentativo corto, una carta de amor y hasta un mail, todas las ideas que en estos tipos de textos expongamos deben conectarse para que tengan sentido.

En el texto que sigue podrán encontrar algunos ejemplos de cómo usar los conectores lógicos para contradecir una idea o para marcar contraste.

Si nos ubicamos un poco, recordaremos que el típico conector que usamos para contradecir una idea es el pero. De hecho, el pero se ha convertido en una muletilla peeeeero que a veces incomoda a nuestros interlocutores. Incluso, el uso del pero es tan cotidiano que decimos, por ejemplo: “Ve a jugar con tus amigos, pero luego debes hacer la tarea” (ya quisiéramos que nos hubieran dicho esto cuando éramos niños, siempre fue primero la tarea y era tan larga que luego no salíamos a jugar).

Pero bueno, como definición formal en el diccionario de la Academia pero es una conjunción adversativa enlistada en el grupo de los Pronombres de la lengua española. Su uso, como advertíamos al principio, es contraponer un concepto del anterior que se mencione. Es una palabra muy utilizada como conector, pero es importante saber que NO es la única.

Nuestra lengua es rica en léxico y por supuesto en palabras sinónimas que nos permite tener una gran lista de la cual podemos echar mano cuando estemos en la gran tarea que es escribir.

Dentro de los conectores para contradecir una idea, también llamados opositivos, encontramos tres categorías: los conectores restrictivos, donde se encuentra el pero y sus sinónimos, los de exclusión, que sirven para indicar que la información precedente tiene un sentido diferente y más bien son sinónimos de sino y los de diferenciación que marcan un contraste total entre lo que se entre relacionando.

Al utilizar el siguiente listado no solo estamos ampliando y diversificando nuestro léxico, sino dándole un toque de estilo importante a nuestro texto:

coffee is a language itself.

 

Aunque todos los conectores anteriores pertenecen a la categoría adversativa, su uso varía de acuerdo con la intencionalidad de nuestro texto. En ese sentido, se deben utilizar según el tipo de oposiciones que pretendamos manejar.

Por ejemplo, si queremos restringir una característica dentro de una misma idea, lo ideal es utilizar los conectores lógicos de oposición parcial:

 

  • Vine a la capital, pero estaré por pocos días.
  • Se encontraba solo en el mundo, sin embargo, amaba la vida.
  • El equipo de sus amores ganó el campeonato, pese a ello no clasificó a la final nacional porque no le alcanzaron los puntos.

Si queremos hacer una exclusión simple, es decir, marcar una oposición de «lo uno o lo otro», lo recomendable es usar conectores lógico de relación adversativa del tipo exclusión:

  • No quiero ir a cine, sino al teatro.
  • Sé que no quieres estar conmigo, sólo que no entiendo por qué.
  • Llorar no arregla las cosas, más bien las empeora.

En el caso del uso de los conectores lógicos adversativos de diferenciación, se recomienda usar mientras que o en cambio, para oposiciones más fuertes, como el caso de un antagonismo se opta más por las variables de al contrario. Por ejemplo:

  • Tú irás a la playa, en cambio yo iré al campo.
  • En Medellín nos ahogamos con la contaminación, mientras que en Santa Marta disfrutamos de las brisas marinas.
  • Ella es brillante, por el contrario, él es mediocre.
  • Al contrario de lo que se cree, miles de personas prefieren que sus representantes tengan carácter, que levanten la voz no a los tímidos o aquellos a los que llaman tibios.

Ahora sí, manos a la obra, echen mano de alguno de estos conectores. La tarea será dejar de usa el pero y más bien hacer uso de estas otras opciones que le van muy bien a nuestro estilo de redacción. Nos vemos en la próxima entrega de Ortografía para Escritores.

 

**Nos gustaría que nos comentaras qué otras dificultades y/o curiosidades identificas al momento de escribir.

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*Licenciada en español y literatura por la Universidad Industrial de Santander, UIS. Tiene un máster en Semiótica discursiva y actualmente realiza un doctorado en Letras, específicamente en Análisis del discurso político, en el Instituto de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, UBA. Ha sido profesora de cátedra de la UIS en las asignaturas de Taller de lenguaje y sociolingüística y docente de tiempo completo en la Universidad Pontificia Bolivariana, UPB, orientando las clases de Semiología y Taller de Investigación. Producto de sus proyectos de investigación ha escrito algunos artículos científicos, y participado en congresos académicos nacionales e internacionales. Ha trabajado de forma freelancer como correctora de estilo. También escribe para portales independientes en internet sobre política, feminismo y educación.

 

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