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La creación literaria de la mujer como concretización del placer femenino

 

«Por qué no puedo probar distintas vidas como si fueran vestidos, para ver cuál me va mejor y me conviene más_» Sylvia Plath (1)

 

«Yo crearé imágenes. Las imágenes impresionan. No se puede argumentar contra las imágenes»
Harriet Beecher-Stowe

Escrito por:
Dunia Oriana González Rodríguez©
Cuatrojostextos@gmail.com

A la mujer se le ha dado durante la historia de la humanidad pequeñas dádivas de libertad. Y en cualquiera de los contextos que reúne el planeta tierra, se ha tenido que ir conformando, sumando una tras otras, casi en secreto estas pequeñas muestras de libertad. Aunque los tiempos han cambiado, es decir, la mujer ha logrado varios derechos, entre ellos ser reconocida como ser humano digno de los demás privilegios y derechos de lo que se ha provisto el hombre, parece ser muy claro que los roles y estereotipos la siguen alcanzado; y es allí donde la lucha y la resistencia de las mujeres cobra más sentido. 

Si antes del siglo XVIII se les permitía las mujeres leer, pero no escribir; a partir del siglo de Las Luces en el contexto europeo se les prohibió rotundamente a las mujeres escribir y querer ser escritoras profesionales (Bollman, 2011, p.19). A pesar de que la mujer burguesa tenía las suficientes comodidades y el tiempo para leer y escribir se le impedía si quiera atreverse a hacerlo; por ende, casos como el de George Sand, la escritora que publicó su obra con nombre de hombre para que le fuera posible hacer tal cosa. O también están los casos como los de Anaïs Nin y Virginia Woolf que conformaron sus propias editoriales para publicar lo que no era permitido o que era rechazado por una gran cantidad de escritores, algunos buenos, y la mayoría restante mediocres. Se ha visto el valor con el que las mujeres han asumido a pesar de toda la posibilidad de crear y, sobre todo revolucionar, las narrativas predeterminadas por una sociedad masculina imperante.

Es bien sabido que han sido muchos los esfuerzos y los logros alcanzados por las mujeres desde todas las épocas hasta la actualidad, que es el siglo XXI, donde las dinámicas se han transformado un poco, y sin embargo, sigue habiendo en el inconsciente colectivo de las mujeres creativas esa idea de que «dentro de la misma profesión, las mujeres deben ser mejores porque han de probar a los hombres, que ellas son capaces» (Bollman, 2011, p. 19).

Esta idea ha puesto en entre dicho la capacidad creadora de las mujeres y sobre todola forma en que pueden expresar, interpretar su realidad y ofrecer al lector una comprensión del mundo, desde otros acto comunicativos, que no solo interpelen al lector sino que le permiten a ellas mismas ponerse en el foco de la crítica, como lo menciona Mario Vargas Llosa en La verdad de las mentiras (2002):

 «la ficción permite salir de sí mismo, ser otro, aunque sea ilusoriamente, es una manera de ser menos esclavo y de experimentar los riesgos de la libertad» (p. 137).

Las mujeres han asumido un rol pasivo en muchas de las facetas de su vida como seres humanos. Se ha constituido un sistema educativo, cultural, económico y político para que ese orden establecido permanezca y se propague de generación en generación. A las mujeres se les ha cercenado literalmente la posibilidad de desarrollar actividades que las inciten al placer, al erotismo creativo. Cuando una mujer escribe, de alguna u otra manera se está revelando en contra de todas las imposiciones, se está volcando sobre sí misma, y está tomando responsabilidad para desarrollar la libertad y dejar memoria de su educación y legado.

La escritora nicaragüense, Gionconda Belli, a través de su poesía erótica nos interpela sobre el rol pasivo que las mujeres han tenido que adoptar en dos aspectos fundamentales para el desarrollo de su libertad sexual e intelectual: la escritura creativa como herramienta expresiva y contestaría, y la sexualidad femenina abordada desde el placer, formas en las que se puede concretizar otra realizada posible o recrear en parte la que se vive.

En el poema Anoche se puede ver cómo se refuerzan los roles de cada sexo mediante los campos semánticos que hablan de la virilidad del varón relacionado con la actividad más heroica que éste ha inventado: la guerra.

Anoche tan solo
parecías un combatiente desnudo
saltando sobre arrecifes de sombras
Yo desde mi puesto de observación
en la llanura
te veía esgrimir tus armas
y violento hundirte en mí
Abría los ojos
y todavía estabas como herrero
martillando el yunque de la chispa
hasta que mi sexo explotó como granada
y nos morimos los dos entre charneles de luna.

Esto nos recuerda las palabras de Simone de Beauvoir en su ensayo El Segundo Sexoal respecto de la iniciación sexual y de cómo el desarrollo sexual de la mujer desde sus inicios es pasivo y está supeditado a la desfloración como ritual de iniciación al placer, al mundo real y tangible, del cual será presa.

El vocabulario erótico del varón se inspira en el vocabulario militar: el amante posee el ardor de un soldado, su sexo se tensa como un arco; cuando eyacula, «descarga»; es una ametralladora, es un cañón. Habla de asalto, de victoria. Hay en su celo no se sabe qué gusto de heroísmo […] De tal modo que cuando tratan de sus relaciones amorosas, los más civilizados hablan de conquista, ataque, asalto, asedio y defensa, derrota, capitulación, calcando nítidamente la idea del amor sobre la guerra. (Beauvoir, 2015, p. 316)

Sin embargo, nos queda preguntarnos, ¿por qué la poeta narra desde el lenguaje varonil su experiencia erótica? ¿Acaso el lenguaje también adoptado para escribir de la mujer actualmente debe estar permeado por estos rasgos determinantes? Y aún así hay una sutil sublevación, pues al final del poema encontramos en el verso: « […] hasta que mi sexo explotó como granada/y nos morimos los dos entre charneles de luna», un tenue giro en el que los dos amantes sucumben al deseo, y es sobre todo ella quien lleva al solado a ese estado de éxtasis al momento de no resistir más su excitación.

Ahora bien, para llegar a tal punto Beauvoir dice que convertirse en una mujer es romper con el pasado, sin remedio; pero este tránsito es más dramático que cualquier otro; no solamente crea un hiato entre el ayer y el mañana, sino que arranca a la joven de un mundo imaginario en el cual se ha desarrollado una parte importante de su existencia y la lanza al mundo real. (2015, p. 321). Es aquí donde el papel de mujer creativa se transforma, porque al ser desposeída de esa naturaleza ingenua, en el caso de una mujer que escribe, puede empoderarse mediante lo que el acto creativo, como se ve en el poema Nuevas tesis feministas:

¿Cómo decirte
hombre
que no te necesito?
No puedo cantar a la liberación femenina
si no te canto
y te invito a descubrir liberaciones conmigo.
[…]
A nombre propio declaro
que me gusta saberme mujer
frente a un hombre que se sabe hombre […]

Aunque directamente la mujer sabe que no le necesita para liberarse, para sentir el placer, reafirma la idea del placer conseguido a través del otro como objeto de deseo; lo interesante aquí es que el deseo de posesión y placer por el otro queda expreso mediante la voz y el deseo femenino. Es la mujer quien quiere objetivar al hombre para obtener su propio placer, y sin embargo exige que este también esté a la altura de su naturaleza libre y creativa.

Puede decirse, entonces, que Gioconda Belli se concretiza como escritora y su obra crea un diálogo con el lector desde una posición más empoderada que tradicional. El rol que pasivo de la mujer que espera para recibir el placer simplemente se deconstruye y se reafirma la idea de ser la mujer quien busca, exige y necesita un placer propio, basado en su complejidad erótica y teniendo como fin último satisfacer sus propias necesidades
ideológicas y creativas.

Bibliografía
Beauvoir, S. (2015). El Segundo Sexo. Colombia: Penguin Random House Grupo Editorial.
Belli, G. (s.f.). Poemas del alma. [Consultado 13 de marzo de 2018]. Disponible en: https://www.poemas-del-alma.com/gioconda-belli.htm
Bollman, E. (2011). Las mujeres que escriben también son peligrosas. Italia: Maeva.
Vargas, L. M. (2002). La verdad de las mentiras. Penguin Random House.

 

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Licenciada en Español y Literatura de la Universidad Industrial de Santander-UIS. Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central-UC. Actualmente, estudia una maestría en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Salamanca. Ha sido correctora de estilo para la Universidad Manuela Beltrán y Pamplona, así como para diferentes empresas y editoriales del sector público y privado. Se ha desarrollado como editora en proceso de autoedición y servicios editoriales para autores y fundaciones con enfoque de género y memoria. Ha sido profesora escritura creativa para la Fundación Arte y Escritura. Ha desarrollado cursos de francés básico para público en general y empresarial. Se ha desempeñado como Directora ejecutiva y administrativa de la REIC para la FILBO 2018 y proyectos a la par. También es escritora y ha publicado poemas, cuentos, artículos, ensayo, crónicas, entre otros, para portales independientes en internet, publicaciones universitarias y revistas independientes sobre la creación literaria, redacción, gramática, comprensión lectora, edición independiente, feminismo, educación, deportes como escalada, trail running y mountain bike.

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La Lectura como forma de interpretar el mundo

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Escrito por:
Dunia Oriana González Rodríguez©
Cuatrojostextos@gmail.com

 

En ese justo momento en el que los hombres de las cavernas tuvieron consciencia de los sonidos y grafías que empezaron a improvisar, el mundo, como lo habían percibido, cambió. Ese cambio no fue rápido ni de un día de caza a otro. Fue progresivo, al parecer, según la perspectiva antropológica. En esa especie de «línea temporal» surgió el lenguaje como la expresión más tangible de la inteligencia de aquellos seres. Y desde esas épocas remotas, cada hommo sapiens ha ido perfeccionando el vasto código del lenguaje humano. 

Actualmente, miles de hablantes a través del planeta tierra (aunque debiera ser planeta
agua, pues son tres partes las que lo constituyen) usan las diferentes formas de comunicación de manera autómata. Está tan arraigada esta cultura del lenguaje que muy pocos consideran útil tomar un tiempo para reflexionar, no solo sobre la forma en cómo se comunican y usan el lenguaje, sino también lo que transmiten…incluso un poco menos pensarán en la función de la lectura o en el interrogante planteado por Ítalo Calvino: ¿por qué leemos los clásicos?

Se sabe que en el siglo XXI, gracias al gran avance de las Tecnologías de Información y Comunicación, la mayoría de personas que tienen acceso a computadores, tabletas y teléfonos portátiles pueden leer muchísimo más que en el siglo pasado. No obstante, esto no asegura que su forma de leer sea íntegra — por decirlo de una forma sencilla— completa o compleja. Sobre todo, si se piensa en las conexiones neuronales complejas que se pueden desarrollar (como lo demuestran los asperger). Es bien cierto, que una gran proporción de la población padece de un analfabetismo funcional.

De acuerdo con lo anterior, la sociedad de consumo ha constituido una nueva raza: Un humano que puede leer, escribir y pensar de manera deficiente y mediocre en las actividades cotidianas de su existir. Es decir, una porción sobresaliente de seres humanos de este siglo de los avances tecnológicos simplemente carece del sentido común y de la eventualidad de desarrollar capacidades cognitivas complejas porque están adormecidos, alienados con el consumo y la rapidez de la información — a esto se le ha denominado como cultura liquida, concepto propuesto por Zygmunt Bauman en La Modernidad Líquida—.

El constante bombardeo de información es uno de estos agravantes, puesto que una gran cantidad de ésta es insustancial y muchas veces poco verídica, sin dejar de lado que sirve para mantener el statu quo de los sistemas económicos, políticos y culturales con más poder.

También está que lo audiovisual ha ganado su importancia en la forma de comunicarnos desplazando las grafías a un tercer plano de acción u opción. Esto se puede ver cuando usamos las redes sociales, que cada vez están más plagadas de cortos videos sobre cualquier cosa. Pero estas «redes», donde son pescados la mayoría, tienen doble funcionalidad: informar y desinformar; denunciar y cohibir; publicar y censurar… y así una dupla de paradojas y absurdos basados en la inmediatez, lo superfluo y lo carnavalesco vulgar. Como dijo Eco en una entrevista, las redes sociales están a la orden del día de una masa alienada y estúpida, a manera de parafraseo.

Ahora bien, ¿qué sucede con ese tercio o proporción de personas que a pesar de que también hacen uso de las redes y viven en el día a día de este siglo, tienen la capacidad aguda de comprender, analizar y construir su propio criterio sobre como interpretar el mundo y su existencia?

La literatura juega un gran papel a la hora de proporcionar herramientas de todo tipo. La principal es el hábito de la lectura. A simple vista parece que es algo obvio y también delimitado. La lectura aporta a la vida de las personas la posibilidad de que éstas, si leen en su propia lengua afiancen sus conocimientos e incluso mejoren en aquellos en los que tienen falencias, o simplemente aprendan a escribir correctamente. Incluso si alguien lee en voz alta puede mejorar su percepción y pronunciación, por lo que su nivel de hablante nativo es más complejo que si no leyera. Si leen en una lengua extranjera la riqueza es incluso mayor, en cuanto a la apropiación de otra lengua y otra cultura.

El acto de leer géneros literarios brinda a quienes lo hagan la capacidad de interpretar el mundo desde diferentes perspectivas, además de hacerse a su propio criterio de comprensión y de interacción con los otros y el contexto en el que se desenvuelven. Además de potenciar la capacidad creativa, de observación y percepción sensorial. Sin olvidar la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de humanizarse como lo expresa Jorge Volpi (2011):

No quiero exagerar: leer cuentos y novelas no nos hace por fuerza mejores personas, pero estoy convencido de que quien no lee cuentos y novelas –y quien no persigue las distintas variedades de la ficción–tiene menos posibilidades de comprender el mundo, de comprender a los demás y de comprenderse a sí mismo. Leer ficciones complejas, habitadas por personajes profundos y contradictorios, como tú y como yo, como cada uno de nosotros, impregnadas de emoción y desconcierto, imprevisibles y desafiantes, se convierte en una de las mejores formas de aprender a ser humano. (Volpi, 2011, p. 30)

Por su parte, Ítalo Calvino propone, en su texto Por qué leer los clásicos, una posible solución a este desbocado mundo de las masas, de la inconsciencia imperante y de la desinformación tomada de la mano con la ignorancia, ¡leer!, pero no cualquier cosa, sino los clásicos. Aquellas grandísimas obras de elaborado trabajo intelectual y también artístico en el que los autores han volcado sus mejores años de vida y dedicación para comunicar sabiduría, conocimiento, emociones y el vasto mundo de lo humano que nos traslada a la reflexión y entendimiento; en sus palabras:

 

«Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos» (Calvino, 1981, p. 14).

En su texto, Calvino también habla de otro proceso que complementa la lectura y es la posibilidad de releer aquellas obras clásicas en diferentes etapas de la vida. Pues es imperativo comprender que los humanos en el trascurso de su vida sufren cambios y que al volver a tener esta experiencia lectora de los mismos libros, las interpretaciones pueden ser mucho más elaboradas o diferentes, teniendo en cuenta la magia que produce leer una obra de literatura universal e incluso más un clásico. Además de poner un nivel de dificultad alto al lector exigiendo un bagaje intelectual e incluso cultural.

«Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual» (Calvino, 1981, p.15).

Siguiendo con el planteamiento anterior, es necesario resaltar que cuando se crea un autor voraz y avezado, éste, en la mayoría de los casos, termina siendo un escritor de la misma envergadura. Entonces, en este punto, se puede ver con claridad cómo la lectura puede ser una herramienta para combatir el analfabetismo funcional, la alienación tecnológica y por ende la pobreza material y creativa de las personas.

Finalmente, en el instante en el que la lectura media entre la inteligencia y la capacidad de raciocinio de los humanos al respecto de su relación con la realidad y el mundo creado y recreado, es allí donde existe la esperanza de que sea tomada como una posible medicina para acabar con la indiferencia que habita a los ciudadanos de a pie y a los que se han hecho al poder y hacen que cada día las realidades sean más miserables y desiguales en todas los países del planeta. Tal vez si la humanidad se detuviera a analizar el sistema de lectura y producción intelectual que ha implementado Islandia, podrían hallar muchas más soluciones con sentido común y humanitarias a la gran cantidad de problemas que se han creado para afear la realidad, para hacernos perder la magia en la vida. O si humildemente se vuelve a los consejos de Calvino y se desempolvan los clásicos, que siempre serán los faros generacionales, esta deshumanizada existencia puede recobrar su naturaleza y su capacidad del dasein en el mundo, mediada por la lectura, la relectura y la escritura, que es lenguaje mismo.

REFERENCIAS
Bauman, Z. (2002). Modernidad líquida. México: Fondo de cultura económica.
Calvino, I. (1981). Por qué leer los clásicos. Biblioteca Calvino, Ediciones Siruela.
Volpi, J. (2011). Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción. Madrid: Alfaguara.

 

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