Inspección

¿Había que ser sincera?, de repente, me pregunté.

Al principio no sabía bien a qué me refería, pero luego de caminar unas calles más, supe a qué punto llegaría con esa pregunta. Mientras caminaba pensaba en sus ojos. Allí, en medio de la gente, unos grandes ojos mirándome. ¿De dónde provenían esos ojos? Reparé en ellos en una fracción de segundo. Después solo me quedé pensando. Ni siquiera recordaba el rostro que poesía tan bellos ojos. Ya me había alejado del lugar, y los ojos seguían en mi mente. Algo había pasado desapercibido de esas esferas luminosas. ¿Qué era lo que me hacía pensar en esa mirada? Miré como el día de la ciudad se hacía más agitado. Las personas corrían, yo recuerdo que antes de ver esa mirada debía llegar a algún lugar de prisa. Sin embargo, solo pude caminar lentamente absorta en mis pensamientos. 

La pregunta estaba también en mi cabeza, justo al lado de los ojos oscuros que me recordaban la mirada noble de un corcel. Sinceramente quise besar esos ojos. Mirarlos con más tiempo, reparar en el rostro, en la humanidad que los portaba. Lentamente, como una lluvia tropical, entendí que esos ojos eran otros ojos, era la mirada de otro rostro. Sinceramente me di cuenta que su mirada me había fulminado. Me había iluminado el corazón y yo huía por las calles de la ciudad convenciéndome de  lo contrario. 

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