Mujer Buda

ImagenLa mujer se ha visto en el reflejo del agua. Ha crecido, sonríe, no teme, simplemente camina con un aire de victoria. ¿Cuál batalla? No se trata de eso. La mujer ha visto sus hombros, sus brazos, sus piernas, su vientre;  y se ha llamado por su nombre.¿Cuál nombre? El mismo que se dijo por muchos años en silencio, mientras la noche devoraba la aurora. La mujer besó el reflejo de ser en el agua y pronto allí empezó a flotar. Le salieron alas, a veces, cuando lo creyó, le salieron garras, cuando a batallar se marchó, le salieron picos, para el canto de su alma, y unos ojos tan verdes como la selva más generosa de la tierra. Luego sin proponérselo, en aquel  zambullido de sueños encontró una que espera con la maleta hecha. Estaba allí con un regalo en su pecho. Dijo otro nombre, y supo que por fin había encontrado aquel principio donde las certezas se esfumaron. Cuando dijo hoja, quiso decir viento bailarín. Cuando dijo ave quiso decir sé libre cuanto antes. Cuando dijo amor, quiso decir placer, amante. Cuando dijo mujer, supo que la palabra exacta era vida. Cuando quiso decir eternidad supo que el fin mismo de su existencia sería reposar en un estado último del cuerpo: felicidad y armonía. Así extinta la sensación más primitiva, corporal: el miedo.

                                                                                                                              

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