El síndrome de la exiliada en la escalada

El síndrome de la mujer exiliada tiene como consecuencia desarraigar a la mujer de una actividad que la divierte, la hace más fuerte o le permite ser…

 

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Gimnasio de escalada Zona de Bloque. Escaladoras Du y Shafi.

«¿Qué cosas no pueden hacer las mujeres porque son mujeres?», se pregunta Chimamanda, escritora y feminista africana, en su libro Cómo educar en el feminismo.

  Esta es una pregunta planetaria. Cabe hacerla en cualquier sociedad o nación. Específicamente a las mujeres se nos ha reducido a cumplir con unos roles establecidos, que «funcionaron» hasta el siglo XIX, claro está en detrimento del desarrollo de la mujer así como de la humanidad. Se nos condenó a ser menores de edad, a no ser reconocidas como ciudadanas ni como seres humanos (al punto que los animales y los negros estaban en una categoría por encima de la mujer, y ellos tampoco eran reconocidos como seres con derechos, con alma, con vida propia que debía ser protegida y respetada); a portarnos según unas normas de moral establecidas por la religión imperante y tener que ser endebles, sumisas, abnegadas y serviles, aunque el trato que recibiéramos fuera violento, abusivo e incluso mortal.

  En un contexto general, la evolución de las mujeres y sus roles en la sociedad ha cambiado drásticamente, y eso es un alivio y una carga al mismo tiempo; porque aunque tenemos derechos, oportunidades… aunque podemos ser libres, independientes, trabajadoras, felices, amorosas, guerreras y  hemos reducido la carga del hombre macho alfa dominante dador todopoderoso del hogar o de las relaciones; esto nos deja relegadas en las comunidades que aún no asimilan estas ventajas, estas pequeñas luchas ganadas.

  Un caso visible sucede en la comunidad de escalada en Bogotá. Lamentablemente aunque hay mujeres del siglo XXI (me refiero a mujeres que se han empoderado en el rol de vivir su vida con libertad, independencia, esfuerzo, amor y trabajo, en un arrojo individual de equilibrar las inequidades del país); en otras palabras, mujeres que han despertado del letargo, inducido por unos estereotipos establecidos y reforzados a través de la educación y cultura del machismo, sean permitido vehemente abrir sus propios caminos y establecer sus maneras propias de desarrollarse en cualquiera de los ámbitos que deseen; muchas de estas mujeres han sido señaladas cuando han dejado de pertenecer a la dinámica de ser la novia-sombra-costilla de un escalador.

  Para ser más precisos, una mujer escaladora, antes de ser reconocida como tal, primero debe ser tomada como la chica o la novia de un escalador; si el caso de estatus logra trascender de la comunidad machista y cerrada de la comunidad escaladora. No solo los hombres ejercen este tipo de exclusión, muchas veces y tristemente son las mismas mujeres quienes se encargan de hacer que este ejercicio de poder que se origina desde lo masculino trascendiendo el círculo de lo femenino, donde una mujer puede ser tratada como una leprosa  o una persona peligrosa a la que se le pone una etiqueta de «soltera disponible», «soltera desesperada por un hombre», «mujer proclive a la infidelidad y al promiscuidad, «la quita novios», entre otras, cuando termina una relación con un escalador.

  Es inadmisible que una mujer que esté «sola» continúe practicando la escalada. Por lo tanto deberá soportar las críticas y opiniones de la ruptura, señalamiento como alguien no apreciada, exclusión del círculo próximo de diferentes maneras; la más usada es haciéndola sentir que tiene poco «valor», porque ya no es la novia-esposa-chica de un sujeto en cuestión.

  Este tipo de práctica envía un mensaje claro a la comunidad: si no tienes pareja entras en una zona roja, en la que serás tachada, señalada y vista como un miembro sobrante. ¿Has cumplido tu función? ¿Cuál es el rol de una mujer en la escalada? ¿Cómo debemos comportarnos? ¿Qué cosas podemos hacer cuando somos realmente escaladoras en una comunidad machista? ¿Por qué a muchas mujeres les ha sucedido lo mismo?

  El síndrome de la mujer exiliada tiene como consecuencia desarraigar a la mujer de una actividad que la divierte, la hace más fuerte o le permite ser… desarraigar a una mujer de un deporte como la escalada tiene muchas implicaciones graves. Una de ellas es que su esfuerzo, su trabajo, su proceso de empoderamiento y desarrollo deportivo además de ser truncado muchas veces queda en el olvido. Es tan común escuchar un comentario habitual de miembros de la comunidad que reza: «Lo que pasa siempre es que las chicas cuando terminan con sus novios escaladores desaparezcan, no vuelvan nunca por acá». Cada vez que escucho esto me da rabia, porque sé que es un ejercicio-de-poder ejercido por la comunidad para que ese sea el resultado. Se nos hace creer, se nos grita, se nos convence que lo mejor que podemos hacer cuando no estamos en una relación es que sigas tu camino lejos, sin importunar el camino trazado por tu pareja «hombre» dentro de una comunidad, que tiene un estatus elevado por el solo hecho de ser hombre. Y lo que más puede indignar es la cara de sorpresa de quienes al ver a la mujer que resiste quedándose, le pregunten:

  Pero, ¿qué haces por acá (sitios como rocódromo o parques de escalada)? ¿De verdad seguiste escalando? Qué raro que estés escalando, ¿no?  

  Hablo de síndrome, basándome en la segunda definición de la RAE,  que establece lo siguiente: «Conjunto de fenómenos que concurren unos con otros y que caracterizan una determinada situación»; unas y otras chicas hemos hablado, hemos compartido la experiencia de no seguir siendo «novias» por x o y motivo, y al cambiar de categoría de ennoviada a soltera, se nos ha condenado al silencio, a los chismes, a los cuchicheos e incluso a la coerción para que dejemos de ser; para que nuestro proceso de empoderamiento (porque señoras y señores, sí, la escalada es uno de los deportes que EMPODERA— y lo escribo en  mayúsculas porque es consecuencia real— a mujeres y hombres, pero sobre todo a las primeras, porque además de permitirnos modificar nuestro cuerpo —que se sale completamente de los estándares de belleza y feminidad establecidos en Colombia—), transforma nuestra cosmovisión de la realidad permitiendo vivirla de acuerdo con nuestros intereses, gustos, proyectos, retos, metas, amor propio, libertad y liderazgo impactando de manera positiva a la comunidad misma.

  Para ser más clara,  las mujeres hemos dejado de ser personas «necesitadas» de una pareja que nos haga todo el trabajo de equiparnos las rutas, motivarnos e incluso decidir cómo, qué, cuándo y dónde escalar, al proponer procesos de escalada más autónomos, más colectivos y que refuercen capacidades de independencia, participación activa, dinámicas de diálogo y la inserción de una cultura en la que se reafirma lo femenino desde una perspectiva equitativa, sorora e identitaria. Es decir, lo femenino toma su verdadera significación: deja de ser un género débil, incapaz e indigno cuando una mujer o un grupo de mujeres se resiste a seguir la dinámica del exilio.

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Ruta: Luz de noche, parque de escalada Rocas de Suesca. Escaladora: Du.

  El síndrome de la mujer exiliada en la escalada es una  muestra fehaciente de cómo la cultura machista no solo mantiene el statu quo de una sociedad en la que los privilegiados (en este caso los hombres, porque desde los orígenes ha prevalecido la participación de lo masculino en su creación y desarrollo y se mantenido la idea de que así tiene que ser únicamente) proponen unas dinámicas que los benefician, que los dejan al margen e incluso intocables, incuestionables, en detrimento de un desarrollo íntegro, equitativo y feminista de la comunidad escaladora.

  ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación?

 Hemos empezado a generar una dinámica entre las mujeres que consiste en contarnos las diferentes experiencias logrando establecer una relación de amistad y compañerismo; de modo que aquellas que hemos sobrellevado la experiencia de no ser la costilla de alguien,  hemos reafirmado nuestro derecho, nuestra individualidad y nuestra capacidad de resistencia a este tipo de comportamientos machistas. Las mujeres hemos empezado a hablar de este tipo de vivencias llegando a la conclusión de que hemos sido objeto de la misma coerción y por ende podemos reafirmar que existe un síndrome de la mujer exiliada… así como hemos visto la enfermedad, también estamos demostrando que existe la cura, el antídoto. Unidas nos empoderamos para poder continuar con nuestros procesos de escalada, y eso ya es más que revolucionario. Cuando nos apoyamos entre sí las escaladoras, ayudamos a que la otra, que al final puedo ser yo misma en cualquier momento, no abandone la pasión que mueve su vida y su proceso de empoderamiento; además de establecer unas relaciones en las que el poder sea repartido equitativamente, sobre todo, la capacidad de ser escaladoras empoderadas.

 

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Licenciada en Español y Literatura de la Universidad Industrial de Santander-UIS. Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central-UC. Actualmente, estudia una maestría en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Salamanca. Ha sido correctora de estilo para la Universidad Manuela Beltrán y Pamplona, así como para diferentes empresas y editoriales del sector público y privado. Se ha desarrollado como editora en proceso de autoedición y servicios editoriales para autores y fundaciones con enfoque de género y memoria. Ha sido profesora escritura creativa. Ha desarrollado cursos de francés básico para público en general y empresarial. Se ha desempeñado como Directora ejecutiva y administrativa de la REIC para la FILBO 2018 y proyectos a la par. También es escritora y ha publicado poemas, cuentos, artículos, ensayo, crónicas, entre otros, para portales independientes en internet, publicaciones universitarias y revistas independientes sobre la creación literaria, redacción, gramática, comprensión lectora, edición independiente, feminismo, educación, deportes como escalada, trail running y mountain bike.

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¿Qué es el pasado sino aquello que decidimos recordar?

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Foto de Oleg Oprisco.

 

28 de enero de 2001

Yo tengo 11 años, en el nuevo siglo como dice mi madre, empezaré la adolescencia, cumpliré 12 años y seguiré viviendo en la casa de una tía, hermana de mi madre, y mis primos, sus hijos; mientras madre se recupera, mientras madre abre los ojos, mientras yo sigo creciendo y espero que se despierte porque quiero contarle que uno niño intentó besarme al finalizar el último grado de  escuela primaria, cuando le dije que me iba del pueblo a vivir a unas tres horas de mi madre y mis hermanas… Quiero que madre sepa, y me diga ¿por qué los niños hacen eso? Además yo salí corriendo, porque vi su baba pegajosa, sentí asco. El niño que me gustaba, al que le había escrito una carta de despedida, quería besarme y yo salí corriendo.

Mi prima Judith tiene 13 años, vivimos juntas. Me ayuda con mis tareas, me peina y me enseña a jugar baloncesto y beisbol de calle. Jugamos en las tardes, con todos los niños del barrio. Aunque extraño demasiado a mis hermanas y vivir con mi madre, todos son muy cariñosos. He venido a pasar vacaciones con mi madre, y ha enfermado nuevamente. Está más grave que la primera vez. Y nada hace efecto. Solo la morfina para mantenerla sedada por si acaso. Los doctores no saben si funciona o no. «¿Morfina?», pregunté a una de mis tías que es enfermera y que se encarga de asistirla. Me contó que es un sedante muy fuerte y que ella al parecer tiene mucho dolor, a pesar de estar en coma. Que sus lágrimas lo indican así. Hoy me la pasé pensando en lo pequeña que soy, en lo que pasaría si madre muriera, dejara de existir. ¿Qué sería de mí y mis hermanas? ¿Qué nos espera en la vida? También recordé que mi madre me hizo prometerle una cosa: «Estudia, estudia mucho y sé libre». Me dijo unos días antes de que ya no despertara. ¿Podré cumplir su promesa? Me siento fatal, porque casi no paso matemáticas ni biología. Le dije que sí, lo haré madre, claro que sí, tengo que ser mejor, si ella no está tengo que serlo para sobrevivir. ¿Por qué pensé todas esas cosas hoy? Tal vez sea porque cada día mi madre se hincha más y casi no deja escapar ninguna lágrima.

 

29 de enero de 2001

Anoche hice la guardia con mi prima para cuidar a mi madre. Lleva dos meses en coma. Está hinchada, acostada entre almohadones, con una sonda para alimentarla, con suero y con toda la familia resignada a su muerte. ¿Qué es la muerte? Me lo he estado preguntando. Nadie me ha dado una respuesta acertada. Cada vez que  pregunto me andan regañando, diciéndome que nada de eso va a suceder. Pero yo he estado leyendo que cuando alguien cae en un coma profundo, y su estado es de sobreviviente, es muy difícil que se recupere. Madre ha luchado por cuatro años contra el cáncer, se le descubrió porque le dio una peritonitis y ahí todo se agravó, desde ese día mi vida cambió para siempre. Supe que nada volvería a ser igual. Que yo estaría sola, más sola toda mi vida. Que mi madre nunca más volvería a ser mi madre. Todos los días ayudo a limpiarla, anoche le secamos la cara, estaba sudando, sé que tuvo pesadillas, como siempre, como cuando dormía en su cama y ella se despertaba gritando. Una de sus pesadilla recurrente era que los ciempiés se le subían por el cuerpo y las hormigas empezaban a comerla dormida. ¿Seguirá soñando lo mismo? ¿Por qué madre me contaba eso? Sus pesadillas ahora me persiguen, no duermo bien, tengo miedo de que deje de respirar y a mí me coman las hormigas. Anoche sucedió por un momento, un minuto largo, un maldito minuto eterno, en el que se quedó sin respirar y que empezó a ponerse morada su cara. Empecé a llorar paralizada frente a la cama. Pensé: «Madre se va a morir», suavecito le dije: —Por favor, no te vayas, no me dejes—. Entonces mi prima salió pitada a buscar a mi tía que estaba descansado la guardia. Nosotras cambiaríamos el turno a las 12 de la noche, como Cenicienta, sólo que el maldito cuento de hadas, en este caso se desaparecía ante mi frustración, mi imposibilidad de poder hacer algo. ¿Ya me había resignado a la idea de que ella desapareciera? ¿Cómo podemos resignarnos?

30 de enero de 2001

Hoy me he despertado cansada. No pude dormir bien. Aunque la guardia de anoche era hasta las doce, insistí y me dejaron quedar hasta las dos de la mañana. Me sentí mal porque al final me quedé dormida, a sus pies, tratando de calentarlos. Mi tío me llevó en brazos a la cama, me arropó y empezó a llorar. No quise abrir los ojos. Aguardé hasta que se marchara y lloré suavecito, en silencio. Cuando dejé a mi madre en la noche estaba pálida con los labios azules y verdosos. Dejó escapar unas lágrimas. Mi tía le repetía: «Nos encargaremos de todo, vete tranquila». Pero mi madre es más necia que yo, entonces siguió llorando y atorándose con la sonda. Pensé que despertaría. No fue así. Mi madre ha muerto hoy. Murió enfrente de mí. Frente a todos. Dejó escapar unas lágrimas regordetas por sus mejillas,  intentó decir algo y dejó de existir. Yo grité, grité y supliqué que no me dejara. «¡Madre, no por favor, no nos dejes! ¡Madre! ¡Despierta! Madre, por favor, ¡llévame contigo!». ¿A dónde irá mi madre? Sé que irá a la nada, al recuerdo, a mi frágil memoria de niña de 10 años que no pudo vivir los últimas dos años con ella, que no coleccionó otro recuerdo, que las fotos serán mi único consuelo. Hoy mi madre ha muerto y una parte de mí también, y creo que es para siempre y creo que le dicen inocencia. Murió a las 1:15 de la tarde, mientras el almuerzo reposaba en las ollas. Mientras mis hermanas extendían la ropa en la terraza, aprovechando el sol, mientras todos estaban tratando de llegar, con los rezos de las vecinas camanduleras, con la presencia de mi padre, a quien nunca amó, y con mis manos tratando de calentar sus fríos pies. Mi madre murió y una gran tormenta ensombreció el cielo.

©Dunia Oriana G. R.

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Lo inexplicable

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 Escrito y publicado por:
Dunia Oriana González Rodríguez©  
Cuatro Ojos Editorial

 

Me gustaría hablar del dolor como una cosa trivial

y clasificarlo en una actitud necia de saber

pero el dolor se te enraíza en la piel

el dolor viene y te recuerda las fechas

que quieres sobre llevar

porque con el tiempo

te das cuenta que no las quieres olvidar.

 

Me gustaría hablar del dolor como cualquier cosa podrida

como una fruta pasada en el frigorífico y nada más

y sin embargo el dolor está aquí en medio de todo

de los días -de los malos días- de las horas

de los instantes… En cada recuerdo el dolor

allí lo ves tan presente.

 

Me gustaría que el dolor se portara bien

como un niño al que se le han prometido los mejores obsequios

según se comporte durante la visita o los días de escuela.

 

Me gustaría que el dolor sufriera de amnesia

y entonces dejara de venir a visitarme cuando menos lo quiero

y cuando menos me interesa que aparezca.

 

Me gustaría que el dolor fuera una cosa

así tan sencilla como una inhalación

y una exhalación y ya nunca más

de su existencia se supiera.

 

Me gustaría decir orgullosamente que el dolor

que siento se ha esfumado

que viene a visitarme y no me afecta

el día, la hora, el mes, ni el año

ni tampoco el ánimo o los sueños.

 

Me gustaría que mi dolor me avisara con tiempo su visita

y así atenderlo

tomar sus maletas y ponerlas en el cuarto de huéspedes

tenderle la cama con sábanas limpias

y buscar la mejor almohada para su cabeza.

 

Quisiera que el dolor avisara su llegada y su partida

y así estaría preparada para sus punzadas y recuerdos

con una botella de vino blanco para pasar el tiempo

o una postal vieja como desagravio.

 

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*Licenciada en Español y Literatura de la Universidad Industrial de Santander-UIS. Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central-UC. Actualmente, estudia una maestría en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Salamanca. Ha sido correctora de estilo para la Universidad Manuela Beltrán y Pamplona, así como para diferentes empresas y editoriales del sector público y privado. Se ha desarrollado como editora en proceso de autoedición y servicios editoriales para autores y fundaciones con enfoque de género y memoria. Ha desarrollado cursos de francés básico para público en general y empresarial. Se ha desempeñado como Directora ejecutiva y administrativa de la REIC para la FILBO 2018 y proyectos a la par. También es escritora y ha publicado poemas, cuentos, artículos, ensayo, crónicas, entre otros, para portales independientes en internet, publicaciones universitarias y revistas independientes sobre la creación literaria, redacción, gramática, comprensión lectora, edición independiente, feminismo, educación, deportes como escalada, trail running y mountain bike.

 

 

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Al respecto del arte poético

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Escrito por:
*Dunia Oriana González Rodríguez©

 

Algo tan maravilloso y esquivo como un animal salvaje, así es la poesía.

Hay que adentrarse con cautela a la selva de sus misterios, pisar con atención cada camino, cada paradoja que nos producen las bifurcaciones. Cada planta llena de sonidos y vocales que se esparcen como esporas peligrosas nos van rozando poco a poco la piel, que ha sido manchada por el sol, la lluvia y el viento del espeso bosque, al que sin más remedio llegamos por curiosidad; entonces aparece claramente la necesidad de contar o simplemente porque nuestros pasos apuntaron a esa dirección, nos fue seduciendo como una idea a punto de caer totalmente ilesa sobre la hoja en blanco.

La poesía juega con nosotros y nos hace pequeños dioses taciturnos, malditos cuando profesamos; halados cuando podemos exorcizar todos los fantasmas, dolores, tristezas, alegrías y amores que se nos van acumulando, allí, en la parte posterior cercana al corazón, un lugar que los médicos no pueden precisar a pesar de su argucia y los avances tecnológicos, pero que los poetas sabemos que existe porque allá, en ese lugar, empieza esa tremenda sensación, esa irremediable molestia, que poco a poco se va acomodando en el esófago y paulatinamente va enronqueciendo la garganta, inflamando la lengua, produciendo hinchazón al paladar, salivando gruesamente cada fonema.

Es así como en esa terrible congestión, en los síntomas más sutiles cual resfriado inadvertido nos obliga a carraspear, aclararnos la voz e inútilmente saber que es hora de sentarnos a escribir; porque se ha conjurado el deseo de cantar aquello que nuestro cuerpo mismo rechaza y que el entendimiento se niega, se nubla por ruidos malsanos, cotidianos, pestilencias de modernidad y fruslerías humanas.

También la dicha puede hacernos escapar a nuestro destino de poetas, si pensamos que cualquier otra cosa que no sea jugar y provocar a los espíritus a través de los versos nos llena de sentido y nos arrebata la loca emoción de creernos videntes, posibles videntes que escriben a ciegas sintiendo un llamado más allá de las estrellas, una sinrazón que nos empuja a sentarnos y devorar rima tras rima palabras que se entretejen y que vienen en nuestro auxilio de pequeños dioses creadores, desde buhardillas o palacetes magníficos. No hay lugar, no hay tiempo, no hay espera.

En la hoja en blanco las manos traducen lo que alma dicta en susurros, en silencios, en sueños amargos o claros, al momento de pasar la calle, o justo cuando las nubes se electrizan y roban con el viento las hojas secas de los árboles… Cuando la mujer besa lujuriosamente a su amante reclamando su derecho a ser o el hombre obnubilado asesina placenteramente a su víctima saltándose las reglas de la sociedad.

Se nos vuelve arma letal y al mismo tiempo insulsa, así de contradictoria, de déspota, de magna sobre la pobre humanidad, bebiendo de sus existencias, arrancado hasta la última gota de ritmo y musicalidad para cantar a sus anchas, alegres o lastimeras tonadas; allí provocando ebriedad y enfado para quienes escuchan y no leen, para quienes leen y se arraigan a escribir, y también para los que siendo poderosos no les seduce, por lo que la ven como un ataque, kamikaze terrorista, blasfemia y tragedia.

Escribimos poemas como un acto de fe a veces encubierto de esperanza y otras de tregua, remordimiento, olvido y hartazgo. Escribimos poemas cuando no podemos gritar, cuando no podemos encontrar la parte exacta en la que duele el amor, la muerte, la decepción, la locura, la soledad, o la risa que nos ha embriagado el ser de vitalidad.

Escribimos libres convencidos de que tal vez es la única manera de estar ahí, de traducir las imágenes y las palabras perdidas del mundo; de retratar con ahínco aquello que está afuera y dentro de nosotros y que nos configura y concretiza en diferentes realidades, aquello que se nos convierte en trasmutación.

Escribimos poesía cuando todas las demás formas convencionales se nos han escapado de sentido y nos dejan en la trinchera de las ilusiones adornadas de enormes reservas de versos y libros abiertos por leer. Podemos crear poemas porque se nos hace tan necesario como respirar; se nos convierte el estado natural más acertado para comprender la vida y la muerte; lo tangible y lo inmaterial; lo profano y lo religioso; lo trascendental y lo cotidiano; todas las formas de lo contrario y lo versátil del existir.

 

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*Licenciada en Español y Literatura de la Universidad Industrial de Santander-UIS. Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central-UC. Actualmente, estudia una maestría en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Salamanca. Ha sido correctora de estilo para la Universidad Manuela Beltrán y Pamplona, así como para diferentes empresas y editoriales del sector público y privado. Se ha desarrollado como editora en proceso de autoedición y servicios editoriales para autores y fundaciones con enfoque de género y memoria. Ha desarrollado cursos de francés básico para público en general y empresarial. Se ha desempeñado como Directora ejecutiva y administrativa de la REIC para la FILBO 2018 y proyectos a la par. También es escritora y ha publicado poemas, cuentos, artículos, ensayo, crónicas, entre otros, para portales independientes en internet, publicaciones universitarias y revistas independientes sobre la creación literaria, redacción, gramática, comprensión lectora, edición independiente, feminismo, educación, deportes como escalada, trail running y mountain bike.

 

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¿Tiempos de solead diferentes a tiempos de soltería?

«No estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar, 

estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar».

Ángela Deivis

Escrito por Dunia Oriana González Rodríguez©.

   Si bien es cierto que la mujer se le ha venido educando para que sea dependiente afectiva y económicamente de un hombre, o de cualquier figura que represente al padre proveedor, también es cierto que esa educación simplemente está mandada recoger y muchas mujeres, en sus proceso y experiencia de vida, se han ido librando de ese constructo social, cultural, ideológico y educativo en el que han estado inmersas.

   Pero en este texto, lo que realmente se quiere plantear es una reflexión en cuanto al rol que debe ocupar la mujer cada vez que está «sola», en otras palabras, sin un hombre o una pareja. Para hacerlo más claro, cuando una mujer opta deliberadamente permanecer un tiempo sola o toda su vida, sin que esto indique que se aísle de sus amigos, familia y, por su puesto, flirteos amoroso y sexuales.

 

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   Cuando un hombre está solo no se le pregunta por qué está solo ni tampoco se le anima a que encuentre una pareja cuanto antes; al contrario, se le alienta fervorosamente para que viaje, se distraiga, socialice y conozca todas las mujeres que estén a su alcance; y ES NORMAL que lo haga, lo fuera de lo común es que no esté dispuesto a hacerlo o que ni siquiera se lo plantee.

   Si se piensa en el caso de una mujer, en este contexto machista y patriarcal como lo es Colombia, por el contrario todas las personas a su alrededor (sobre todo hombres) expresan su preocupación si una mujer no desea tener una relación seria en menos de lo que ha terminado la anterior, e incluso se le mira de reojo, se le juzga, se le señala y sobre todo se le insinúa su inclinación a llevar una vida o al querer intentar una vida ligera y poco circunspecta, en otras palabras más castizas, se le tacha de «calenturientas», de «promiscua» y por encima de cuanta cosa se diga, se le encasilla como una mujer que no sabe lo que quiere por ende es un peligro, una menor de edad, una persona que «seguramente» terminará solterona o con un hijo sin padre «concreto».

  Pero la gente es muy estrecha de miras, no se detiene a pensar si acaso este tipo de mujer, por decirlo de alguna manera, tiene otras prioridades, pueden ser creativas, laborales, deportivas o simplemente no tener que invertir todo su tiempo y energías en una relación; también puede contemplarse el agotamiento de entrar y salir de una relación, sin tiempo para reflexionar, solo por el simple hecho de ser educada en una idea del miedo a la soledad, a estar consigo misma, a auto-descubrirse, auto-reconocerse… Y tal vez pueden ser todas juntas; o ninguna de las anteriores.

 Tal vez la sociedad pacata colombiana aún no acepta la mujer del siglo XXI, la independiente, la que se edifica y se deconstruyen todas las veces que los cambios y las transformaciones de sus vivencias profesionales y afectivas así lo ameritan. No solo la gente es estrecha de miras, la misma mujer aún no puede reconocer como tal, está en continúo conflicto tratando de sobre llevar los requisitos para los cuales ha sido educada (una educación en detrimento y rezagada por el siglo) y los verdaderos deseos de poder SER en relación con sus propios principios y los del «otro» (guiño sartreano). 

   Sin embargo, con lo que deben lidiar las mujeres es que no es admisible que anden solas por el mundo haciendo lo que se les viene en gana, SIENDO JODIDAMENTE FELICES sin depender, sin necesitar a otros de manera tóxica; viviendo libres y amorosas sin el deseo de poseer o permanecer con alguien por no poder estar solas, al contrario de erigirse como la persona que siempre han soñado.

  Entonces, ¿quién le dijo a la gente que puede ir por ahí diciendo y señalando a las mujeres que han despertado y que se han tomado la molestia de asumirse como sujetos libres, con derechos y auto-edificables? ¿Por qué una mujer tiene que ser la costilla de otro, la sombra, la extensión, la hija, la hermana, la esposa, la novia, la amante, la puta de…? ¿Por qué cuando optamos por nuestra individualidad como estandarte también se nos juzga y se nos trata como si fuéramos unas leprosas?

  ¿Por qué nos convertimos en un peligro para el statu quo de la sociedad y de las pequeñas comunidades en las que interaccionamos activamente? ¿Por qué tenemos que seguir llevando el miedo del hombre en nuestros hombros? ¿Quién dijo que en este siglo tenemos que seguirnos comportando como si no tuviéramos oportunidades, ni carreras, ni empresas, ni todas las ventajas de la equidad que el feminismo ha aportado? ¿Por qué es más grande el miedo de reconocernos como personas libre pensadoras y capaces de vivir nuestra propia vida?

  Ya viene siendo hora que, aunque nos juzguen y señalan y nos exilien, tengamos el valor de asumir nuestra vida como mejor nos plazca, sí, como mejor nos de placer, felicidad, amor propio, libertad, aventura, riesgo, tenacidad y esperanza. Ya es la hora de que a pesar de todos los comentarios y malas famas aportemos a la sociedad desde la capacidad de confrontar la educación del miedo a estar, viajar, salir, divertirnos, existir «solas» e independientes.

  Reitero, solas como la forma más cercana a no tener que ser la extensión de alguien más para que podamos ser reivindicadas e incluso aceptadas; para que podamos ser sin adjetivos posesivos o calificativos: solo ser nosotras mismas en relación con el mundo y los «otros».

 

**Nos gustaría que nos comentaras qué otros temas te interesan sobre el rol de la mujer en el siglo XXI en relación con la sociedad.

 

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¿Me falla la conexión al momento de escribir?

Una vez más hemos invitado a Laura Bonilla*, colaboradora de Cuatro Ojos Editorial  para que nos cuente sobre la coherencia textual; en este caso, sobre uno de sus elementos como lo son los conectores discursivos.

 

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Esto nos sucede todo el tiempo con la red inalámbrica o como acostumbramos a llamarla wifi. Nos falla la conexión, la red se nos cae. Asimismo nos pasa con los textos, cuando escribimos nos sucede que al leerlo un párrafo no conecta con el otro, empezamos con una cosa y terminamos con otra o sencillamente no sabemos por dónde seguir.

Así es como nos damos cuenta de que nuestro texto carece de coherencia, algo no cuadra.

Esto puede deberse a que nos faltan conectores, es decir, palabras que nos sirven para relacionar ideas expresando de la forma más clara el modo en que se relacionan entre sí para dar mayor coherencia a nuestro discurso y hacerlo más entendible para nuestros lectores.

Es así como, el camino de la escritura está orientado por los conectores lógicos y que si no sabemos usar, nos falla la conexión y el texto se nos cae.

De manera que aprender a organizar las oraciones, los párrafos o lo que los estudiosos de la redacción llaman microestructura y macroestructura textual es fundamental para sostener nuestros textos y decir con claridad las ideas que se encuentran en nuestra cabeza. Ya sea que estemos escribiendo una novela, un cuento, un ensayo, un texto argumentativo corto, una carta de amor y hasta un mail, todas las ideas que en estos tipos de textos expongamos deben conectarse para que tengan sentido.

En el texto que sigue podrán encontrar algunos ejemplos de cómo usar los conectores lógicos para contradecir una idea o para marcar contraste.

Si nos ubicamos un poco, recordaremos que el típico conector que usamos para contradecir una idea es el pero. De hecho, el pero se ha convertido en una muletilla peeeeero que a veces incomoda a nuestros interlocutores. Incluso, el uso del pero es tan cotidiano que decimos, por ejemplo: “Ve a jugar con tus amigos, pero luego debes hacer la tarea” (ya quisiéramos que nos hubieran dicho esto cuando éramos niños, siempre fue primero la tarea y era tan larga que luego no salíamos a jugar).

Pero bueno, como definición formal en el diccionario de la Academia pero es una conjunción adversativa enlistada en el grupo de los Pronombres de la lengua española. Su uso, como advertíamos al principio, es contraponer un concepto del anterior que se mencione. Es una palabra muy utilizada como conector, pero es importante saber que NO es la única.

Nuestra lengua es rica en léxico y por supuesto en palabras sinónimas que nos permite tener una gran lista de la cual podemos echar mano cuando estemos en la gran tarea que es escribir.

Dentro de los conectores para contradecir una idea, también llamados opositivos, encontramos tres categorías: los conectores restrictivos, donde se encuentra el pero y sus sinónimos, los de exclusión, que sirven para indicar que la información precedente tiene un sentido diferente y más bien son sinónimos de sino y los de diferenciación que marcan un contraste total entre lo que se entre relacionando.

Al utilizar el siguiente listado no solo estamos ampliando y diversificando nuestro léxico, sino dándole un toque de estilo importante a nuestro texto:

coffee is a language itself.

 

Aunque todos los conectores anteriores pertenecen a la categoría adversativa, su uso varía de acuerdo con la intencionalidad de nuestro texto. En ese sentido, se deben utilizar según el tipo de oposiciones que pretendamos manejar.

Por ejemplo, si queremos restringir una característica dentro de una misma idea, lo ideal es utilizar los conectores lógicos de oposición parcial:

 

  • Vine a la capital, pero estaré por pocos días.
  • Se encontraba solo en el mundo, sin embargo, amaba la vida.
  • El equipo de sus amores ganó el campeonato, pese a ello no clasificó a la final nacional porque no le alcanzaron los puntos.

Si queremos hacer una exclusión simple, es decir, marcar una oposición de «lo uno o lo otro», lo recomendable es usar conectores lógico de relación adversativa del tipo exclusión:

  • No quiero ir a cine, sino al teatro.
  • Sé que no quieres estar conmigo, sólo que no entiendo por qué.
  • Llorar no arregla las cosas, más bien las empeora.

En el caso del uso de los conectores lógicos adversativos de diferenciación, se recomienda usar mientras que o en cambio, para oposiciones más fuertes, como el caso de un antagonismo se opta más por las variables de al contrario. Por ejemplo:

  • Tú irás a la playa, en cambio yo iré al campo.
  • En Medellín nos ahogamos con la contaminación, mientras que en Santa Marta disfrutamos de las brisas marinas.
  • Ella es brillante, por el contrario, él es mediocre.
  • Al contrario de lo que se cree, miles de personas prefieren que sus representantes tengan carácter, que levanten la voz no a los tímidos o aquellos a los que llaman tibios.

Ahora sí, manos a la obra, echen mano de alguno de estos conectores. La tarea será dejar de usa el pero y más bien hacer uso de estas otras opciones que le van muy bien a nuestro estilo de redacción. Nos vemos en la próxima entrega de Ortografía para Escritores.

 

**Nos gustaría que nos comentaras qué otras dificultades y/o curiosidades identificas al momento de escribir.

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*Licenciada en español y literatura por la Universidad Industrial de Santander, UIS. Tiene un máster en Semiótica discursiva y actualmente realiza un doctorado en Letras, específicamente en Análisis del discurso político, en el Instituto de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, UBA. Ha sido profesora de cátedra de la UIS en las asignaturas de Taller de lenguaje y sociolingüística y docente de tiempo completo en la Universidad Pontificia Bolivariana, UPB, orientando las clases de Semiología y Taller de Investigación. Producto de sus proyectos de investigación ha escrito algunos artículos científicos, y participado en congresos académicos nacionales e internacionales. Ha trabajado de forma freelancer como correctora de estilo. También escribe para portales independientes en internet sobre política, feminismo y educación.

 

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La creación literaria de la mujer como concretización del placer femenino

 

«Por qué no puedo probar distintas vidas como si fueran vestidos, para ver cuál me va mejor y me conviene más_» Sylvia Plath (1)

 

«Yo crearé imágenes. Las imágenes impresionan. No se puede argumentar contra las imágenes»
Harriet Beecher-Stowe

Escrito por:
Dunia Oriana González Rodríguez©
Cuatrojostextos@gmail.com

A la mujer se le ha dado durante la historia de la humanidad pequeñas dádivas de libertad. Y en cualquiera de los contextos que reúne el planeta tierra, se ha tenido que ir conformando, sumando una tras otras, casi en secreto estas pequeñas muestras de libertad. Aunque los tiempos han cambiado, es decir, la mujer ha logrado varios derechos, entre ellos ser reconocida como ser humano digno de los demás privilegios y derechos de lo que se ha provisto el hombre, parece ser muy claro que los roles y estereotipos la siguen alcanzado; y es allí donde la lucha y la resistencia de las mujeres cobra más sentido. 

Si antes del siglo XVIII se les permitía las mujeres leer, pero no escribir; a partir del siglo de Las Luces en el contexto europeo se les prohibió rotundamente a las mujeres escribir y querer ser escritoras profesionales (Bollman, 2011, p.19). A pesar de que la mujer burguesa tenía las suficientes comodidades y el tiempo para leer y escribir se le impedía si quiera atreverse a hacerlo; por ende, casos como el de George Sand, la escritora que publicó su obra con nombre de hombre para que le fuera posible hacer tal cosa. O también están los casos como los de Anaïs Nin y Virginia Woolf que conformaron sus propias editoriales para publicar lo que no era permitido o que era rechazado por una gran cantidad de escritores, algunos buenos, y la mayoría restante mediocres. Se ha visto el valor con el que las mujeres han asumido a pesar de toda la posibilidad de crear y, sobre todo revolucionar, las narrativas predeterminadas por una sociedad masculina imperante.

Es bien sabido que han sido muchos los esfuerzos y los logros alcanzados por las mujeres desde todas las épocas hasta la actualidad, que es el siglo XXI, donde las dinámicas se han transformado un poco, y sin embargo, sigue habiendo en el inconsciente colectivo de las mujeres creativas esa idea de que «dentro de la misma profesión, las mujeres deben ser mejores porque han de probar a los hombres, que ellas son capaces» (Bollman, 2011, p. 19).

Esta idea ha puesto en entre dicho la capacidad creadora de las mujeres y sobre todola forma en que pueden expresar, interpretar su realidad y ofrecer al lector una comprensión del mundo, desde otros acto comunicativos, que no solo interpelen al lector sino que le permiten a ellas mismas ponerse en el foco de la crítica, como lo menciona Mario Vargas Llosa en La verdad de las mentiras (2002):

 «la ficción permite salir de sí mismo, ser otro, aunque sea ilusoriamente, es una manera de ser menos esclavo y de experimentar los riesgos de la libertad» (p. 137).

Las mujeres han asumido un rol pasivo en muchas de las facetas de su vida como seres humanos. Se ha constituido un sistema educativo, cultural, económico y político para que ese orden establecido permanezca y se propague de generación en generación. A las mujeres se les ha cercenado literalmente la posibilidad de desarrollar actividades que las inciten al placer, al erotismo creativo. Cuando una mujer escribe, de alguna u otra manera se está revelando en contra de todas las imposiciones, se está volcando sobre sí misma, y está tomando responsabilidad para desarrollar la libertad y dejar memoria de su educación y legado.

La escritora nicaragüense, Gionconda Belli, a través de su poesía erótica nos interpela sobre el rol pasivo que las mujeres han tenido que adoptar en dos aspectos fundamentales para el desarrollo de su libertad sexual e intelectual: la escritura creativa como herramienta expresiva y contestaría, y la sexualidad femenina abordada desde el placer, formas en las que se puede concretizar otra realizada posible o recrear en parte la que se vive.

En el poema Anoche se puede ver cómo se refuerzan los roles de cada sexo mediante los campos semánticos que hablan de la virilidad del varón relacionado con la actividad más heroica que éste ha inventado: la guerra.

Anoche tan solo
parecías un combatiente desnudo
saltando sobre arrecifes de sombras
Yo desde mi puesto de observación
en la llanura
te veía esgrimir tus armas
y violento hundirte en mí
Abría los ojos
y todavía estabas como herrero
martillando el yunque de la chispa
hasta que mi sexo explotó como granada
y nos morimos los dos entre charneles de luna.

Esto nos recuerda las palabras de Simone de Beauvoir en su ensayo El Segundo Sexoal respecto de la iniciación sexual y de cómo el desarrollo sexual de la mujer desde sus inicios es pasivo y está supeditado a la desfloración como ritual de iniciación al placer, al mundo real y tangible, del cual será presa.

El vocabulario erótico del varón se inspira en el vocabulario militar: el amante posee el ardor de un soldado, su sexo se tensa como un arco; cuando eyacula, «descarga»; es una ametralladora, es un cañón. Habla de asalto, de victoria. Hay en su celo no se sabe qué gusto de heroísmo […] De tal modo que cuando tratan de sus relaciones amorosas, los más civilizados hablan de conquista, ataque, asalto, asedio y defensa, derrota, capitulación, calcando nítidamente la idea del amor sobre la guerra. (Beauvoir, 2015, p. 316)

Sin embargo, nos queda preguntarnos, ¿por qué la poeta narra desde el lenguaje varonil su experiencia erótica? ¿Acaso el lenguaje también adoptado para escribir de la mujer actualmente debe estar permeado por estos rasgos determinantes? Y aún así hay una sutil sublevación, pues al final del poema encontramos en el verso: « […] hasta que mi sexo explotó como granada/y nos morimos los dos entre charneles de luna», un tenue giro en el que los dos amantes sucumben al deseo, y es sobre todo ella quien lleva al solado a ese estado de éxtasis al momento de no resistir más su excitación.

Ahora bien, para llegar a tal punto Beauvoir dice que convertirse en una mujer es romper con el pasado, sin remedio; pero este tránsito es más dramático que cualquier otro; no solamente crea un hiato entre el ayer y el mañana, sino que arranca a la joven de un mundo imaginario en el cual se ha desarrollado una parte importante de su existencia y la lanza al mundo real. (2015, p. 321). Es aquí donde el papel de mujer creativa se transforma, porque al ser desposeída de esa naturaleza ingenua, en el caso de una mujer que escribe, puede empoderarse mediante lo que el acto creativo, como se ve en el poema Nuevas tesis feministas:

¿Cómo decirte
hombre
que no te necesito?
No puedo cantar a la liberación femenina
si no te canto
y te invito a descubrir liberaciones conmigo.
[…]
A nombre propio declaro
que me gusta saberme mujer
frente a un hombre que se sabe hombre […]

Aunque directamente la mujer sabe que no le necesita para liberarse, para sentir el placer, reafirma la idea del placer conseguido a través del otro como objeto de deseo; lo interesante aquí es que el deseo de posesión y placer por el otro queda expreso mediante la voz y el deseo femenino. Es la mujer quien quiere objetivar al hombre para obtener su propio placer, y sin embargo exige que este también esté a la altura de su naturaleza libre y creativa.

Puede decirse, entonces, que Gioconda Belli se concretiza como escritora y su obra crea un diálogo con el lector desde una posición más empoderada que tradicional. El rol que pasivo de la mujer que espera para recibir el placer simplemente se deconstruye y se reafirma la idea de ser la mujer quien busca, exige y necesita un placer propio, basado en su complejidad erótica y teniendo como fin último satisfacer sus propias necesidades
ideológicas y creativas.

Bibliografía
Beauvoir, S. (2015). El Segundo Sexo. Colombia: Penguin Random House Grupo Editorial.
Belli, G. (s.f.). Poemas del alma. [Consultado 13 de marzo de 2018]. Disponible en: https://www.poemas-del-alma.com/gioconda-belli.htm
Bollman, E. (2011). Las mujeres que escriben también son peligrosas. Italia: Maeva.
Vargas, L. M. (2002). La verdad de las mentiras. Penguin Random House.

 

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Licenciada en Español y Literatura de la Universidad Industrial de Santander-UIS. Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central-UC. Actualmente, estudia una maestría en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Salamanca. Ha sido correctora de estilo para la Universidad Manuela Beltrán y Pamplona, así como para diferentes empresas y editoriales del sector público y privado. Se ha desarrollado como editora en proceso de autoedición y servicios editoriales para autores y fundaciones con enfoque de género y memoria. Ha sido profesora escritura creativa para la Fundación Arte y Escritura. Ha desarrollado cursos de francés básico para público en general y empresarial. Se ha desempeñado como Directora ejecutiva y administrativa de la REIC para la FILBO 2018 y proyectos a la par. También es escritora y ha publicado poemas, cuentos, artículos, ensayo, crónicas, entre otros, para portales independientes en internet, publicaciones universitarias y revistas independientes sobre la creación literaria, redacción, gramática, comprensión lectora, edición independiente, feminismo, educación, deportes como escalada, trail running y mountain bike.

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